Reivindico la política

En la antigua Grecia se conocía como ‘idiotas'(ἰδιώτης), a aquellos que no participaban en la vida pública y vivían ensimismados en su propia intimidad, sin preocuparse de los asuntos que nos afectan a todos. Muchos pensadores han usado este recurso para reivindicar la política, como Fernando Savater, que recuerda a aquellos que se desinteresan de la política, y de la elección de los representantes, es decir: de las elecciones, al tiempo que sí les preocupa, como es obvio, cómo son atendidos en los hospitales, qué educación reciben sus hijos, o qué seguridad presenta el barrio donde habitan.

A ninguno se nos escapa que a la hora de comprar, por ejemplo, un coche, o una casa, no solemos comprar el primer coche que encontramos al entrar en un concesionario, sino que es habitual que visitemos más de uno, y que además, probemos en cada uno de ellos aquellos que más se adaptan a lo que estamos buscando, es decir, según nuestros usos y necesidades escogeríamos un vehículo de determinadas características técnicas y estéticas, por qué no. Nadie responsable compraría un vehículo sin conocer si es diésel o gasolina, o el número de asientos que tiene, por muy bella que nos parezca la silueta del automóvil.

Puesto que nos jugamos la vida en la carretera cada vez que circulamos por ellas, lo normal es que si el bolsillo lo permite, también se opte por vehículos que dispongan de buenos sistemas de seguridad ante accidentes, y mucho más si usamos el coche para viajar con pequeños, a los cuales tenemos que adaptar en sillitas especiales según edad y estatura.

A la hora de escoger a nuestros representantes, de votarlos, escogemos a las personas (y a los partidos, según el sistema electoral actual) que decidirán, tal y como Savater explicaba en la cita que expuse al comienzo, cómo se nos atenderá en los hospitales, con qué medios, con qué personal y qué formación tendrá y un largo etcétera. Asuntos, desde luego que afectan a algo tan elemental como es nuestra salud. No creo necesario tener que extender la explicación en torno a qué otras circunstancias de carácter económico, laboral, social, educativo, cultural, etc., dependen de aquellos representantes que escogemos entre todos.

Por otro lado tampoco conozco a nadie que acuda a un concesionario a comprar un coche habiendo sido engañado, estafado, o sencillamente mal atendido, por ese mismo establecimiento poco tiempo atrás, como tampoco conozco a quien de forma responsable compre un vehículo con mala fama o alto índice de siniestrabilidad. O por último, lo compre aún hecho con piezas de segunda mano, de desguace, de vehículos en su mayoría siniestrado, a precio de nuevo, por muy atractiva que sea su carrocería exterior.

Es por todo ello que entra en mi función política la reivindicación de la misma, de su ejercicio, de su presencia en todos los ámbitos de la vida pública y en cada rincón de nuestra sociedad. Entiéndaseme, me refiero a la política como ejercicio de entendimiento y resolución de problemas, no como mera actividad de partidos. Y en esa función política que hoy desarrollo como cargo municipal también cabe espolear a la sociedad y alertarla con objeto de decidir el voto de forma responsable y concienzuda, como si se comprara un vehículo u otro objeto de valor, ¿O no es de valor cómo nos afectarán las decisiones políticas durante 4 años?

Los tan desprestigiados programas electorales, por incumplidos, deben convertirse en los contratos que comprometan a los partidos con la ciudadanía, y deben vincular el proyecto político posterior. Y deben, también, ser importantes herramientas a escrutar por el votante, de cara a descartar, y también seleccionar, aquello que se busca y que desea para su propia vida. También el trabajo, la trayectoria, debe valorarse, como también el perfil personal de cada candidato. La honradez, la honestidad, los valores éticos, deben también ser cuestiones que se consideren eliminatorias en la elección de representantes, así como la coherencia de las formaciones políticas que los representan.

Sólo de este modo, participando activamente en la elección crítica de los representantes tendremos una clase política capacitada y debidamente comprometida. Si votamos, como idiotas, desentendiéndonos de una elección razonada, o no participamos en esa elección, corremos el riesgo de que llegue a decidir por nosotros la mayor mediocridad en el mejor de los casos, o bandas organizadas de cuatreros sin escrúpulos en el peor de ellos, como por otro lado, ya va conociendo este país en algunos puntos de su geografía.

Una Murcia moderna y sin miedo

En ocasiones la actualidad y el día a día nos hace centrarnos en cuestiones concretas, como el tráfico, los presupuestos, un hecho concreto, etc. y perdemos la perspectiva de la situación municipal. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de señalar nuestro diagnóstico sobre una cuestión fundamental en la política: la relación de las instituciones con sus representados, las relaciones humanas. Y precisamente esta cuestión requiere una importante revisión que permita eliminar actitudes y mecanismos que ha implantado el Partido Popular enormemente nocivos para esta sociedad murciana. Y creemos que esto no ha sido nunca lo suficientemente denunciado.
Queremos gobernar, y alcanzar la alcaldía porque queremos una ciudad donde se pueda hablar libremente de política, del voto, de las ideas, y no mirando de reojo, con cautela. ¿A que nadie imagina una ciudad europea moderna en la que sus habitantes temen ser señalados por sus ideas?
Queremos unas ayudas a quien lo necesita, y no a quien da más votos, a quien más beneficio partidista da. El ayuntamiento debe priorizar, no penalizar a unos y beneficiar a otros. Quiero una ciudad moderna, justa, que reparta oportunidades, y no pasteles de carne.
Una ciudad moderna, no rancia y con tufo a alcanfor. Este ayuntamiento mantiene a Murcia en un largo letargo provinciano y decimonónico. Quiero un ayuntamiento que genere confianza y no miedo. Ese es un mérito de este consistorio: infundir temor al que no comulga, al que discrepa. Sorprende la cantidad de gente que teme reivindicar asuntos justos y legítimos por miedo a represalias, a ser señalado, a que su nombre forme parte de las listas negras de pedáneos y concejales. Muchos funcionarios no quieren hablar, muchos vecinos no quieren que nos veamos en el despacho municipal. Asociaciones que no quieren hablar de la situación de un sector por miedo a perder ayudas. Esto existe en este municipio.  En Murcia no se habla de política porque trae problemas, y eso es intolerable. Con piel de cordero el PP ha instalado en muchos sectores y ámbitos de nuestro municipio prácticas más propias de repúblicas bananeras que de una democracia consolidada.
La gente no entra en política por el descrédito de sus responsables, de acuerdo, pero también porque entrar en política trae problemas. Vaya mérito de este gobierno.
Queremos una cultura y unas fiestas atractivas y de todos, no de unos pocos. Aquí se priman determinados festejos. Se invierte MUCHO en fiestas, en petardos y tracas, y poco en cultura de verdad. Pero claro… eso da votos. Hay que reordenar la asignación de presupuestos a las Juntas.
Unas pedanías transparentes y modernas, no feudales. No hay derecho a que muchos pedáneos actúen como sheriffs y no como servidores públicos, para ayudar, servir. El pedáneo es el representante del ayuntamiento en cada pedanía, no un comisario político más cercano a la Rusia comunista o a la España de los 50. Hay lugares de este municipio donde el PP es el Partido de Palermo. ¿Es aceptable que se acometan arreglos o inversiones en pedanías en las calles o tramos que favorecen al amigo o al votante? ¿Es correcto que puedan acometer obras o reparaciones sin dar cuenta y justificación previa?
Al final los murcianos no queremos una revolución que lo ponga todo patas arriba o dinamite el sistema. Los murcianos queremos trabajar y tener prosperidad y tiempo libre para disfrutar de nuestra familia, amigos, y nuestro clima. Algunos han instalado el salario del miedo, silenciando funcionarios, han generado el feudalismo en las pedanías, han cavado zanjas en cada pueblo, en cada barrio, zanjas que indicaban que a un lado estaban los suyos, y al otro los contrarios. El PP ha convertido el ayuntamiento, la casa de todos, en la casa del PP, la política de amiguetes, caciquil y autoritaria.

Por eso ha llegado el momento de cambiar esto de una vez, tras 20 años de gobierno popular, y un gobierno socialista anterior que aplicaba recetas similares de autoritarismo. Es la hora de hacerlo bien.

A propósito de los imputados

(Artículo publicado en el diario La Verdad el 20 de noviembre de 2014)

Existe una única diferencia entre aquellos que piensan que los imputados por delitos de corrupción deben apartarse de sus cargos públicos, y aquellos que apelan a la presunción de inocencia para mantenerse en ellos: el concepto que se tenga de servicio público.

La política debe entenderse como una actividad, una dedicación, y no como un empleo. Uno de los riesgos de ejercer un cargo público en la Administración es adaptarse a su funcionamiento, a sus características, en un nocivo proceso de ‘funcionarización’. Es decir, cuando el político entiende la función como puesto de trabajo, mimetizándose con el funcionario, asumiendo de manera inconsciente los modos, maneras y pensamiento de éste.

Para evitar esto, los políticos deberíamos repetirnos cada día, frente al espejo, para qué estamos en política y por qué, para tener muy presente que nuestra posición es pasajera, y que depende de la voluntad ciudadana y no de la nuestra.

Está claro que para reforzar la honestidad con la que debe hacerse ese ejercicio es conveniente, aunque no imprescindible, que el político no tenga una dependencia vital y económica con la remuneración obtenida en su cargo, porque de no ser así se agarrará al sillón que ocupa como medio de supervivencia primitivo. E igualmente se debe recelar de aquellos jóvenes que puentean el mercado laboral saltando con pértiga de la Universidad al cargo público, sin experiencia laboral alguna.

En el Antiguo Régimen, allí donde un estamento privilegiado gozaba de ventajas frente a un Tercer Estado de silentes trabajadores y parias, no cabía el pasar de un estamento a otro salvo accidentales ocasiones. El noble no dejaba de serlo, ni el campesino podía, al menos hasta la puesta en práctica de revolucionarias ideas ilustradas, formar parte de las decisiones públicas.

Hoy en día nuestra sociedad permite la participación en política de todos, lo cual es inseparable de que todo aquel que participa en ella también puede volver a la vida civil y “llana”. La negativa de muchos imputados en delitos de corrupción de apartarse temporalmente de sus funciones políticas denota el concepto de “clase” al que creen pertenecer una vez jurado el cargo, y ven indignante que se reclame desde una renovada sala del Juego de Pelota su dimisión.

Hay distintos grados de sospecha sobre un imputado: la investigación, la imputación, la apertura de juicio, la acusación y un largo etcétera. Sin ser jurista, pero sí político, la sospecha sobre un servidor público de haber actuado de forma ilegal, beneficiándose a sí mismo o a terceros, debe llevar aparejada la separación, voluntaria o preceptiva, hasta que sea aclarada la situación.

Sin necesidad de mencionar delitos ominosos contra la infancia, los ancianos, o determinados colectivos, todos entendemos necesario apartar al sospechoso del objeto del delito durante la sospecha. Salvemos las distancias, pero hagamos igual con nuestro dinero, nuestros servicios públicos, y no permitamos que lo maneje quien tenga sobre sí la duda. Presunción de inocencia siempre, pero desde fuera de las instituciones. El daño de mantener a un corrupto, de ser cierto el delito, es mayor que apartar discretamente a un servidor inocente.

En todas partes cuecen habas, pero no se cuecen igual

Recientemente el eurodiputado de UPyD, Francisco Sosa Wagner, realizó unas declaraciones en un tono correcto acerca de un manido debate, ya histórico, en relación a UPyD: la posible confluencia electoral y orgánica con el partido catalán Ciudadanos. Junto a esta referencia, Sosa señalaba la existencia de ciertas prácticas autoritarias dentro de la formación, sin especificar alguna. Sumándose a sus reflexiones, han surgido desde respetables y bienintencionados afiliados magentas y cargos públicos (con los que no estoy de acuerdo, pero a los que respeto), o tertulianos y columnistas, hasta frikis varios y buscavidas políticos. Pasando, por supuesto, por pescadores de los de río revuelto, a la búsqueda de carnaza que utilizar para sus libelos. 

Pero dejando a un lado el interesante debate de alianzas electorales del que existen diferentes posiciones, aunque en el reciente II Congreso de UPyD se acordara de forma mayoritaria no realizar coaliciones ni fusiones con otras formaciones, lo que más sorprende de las declaraciones del europarlamentario son las acusaciones y falsedades que ha ido soltando estos días con su aire de excéntrico gentleman, y que vienen a cuestionar su aspecto de inequívoca credibilidad, pues sencillamente no son verdad. Empecemos por el autoritarismo que denuncia, por cierto sin mencionar ejemplo alguno, y que choca de manera directa con el hecho de que él mismo haya “ido por libre” en votaciones clave sin haber sido recriminado, o el hecho de que haya realizado estas declaraciones a través de un medio de comunicación, y no en el órgano interno adecuado, que es el Consejo Político, y del que somos compañeros y en el que nunca le he oído nada en este sentido y ni siquiera mencionar la palabra Ciudadanos. Esto, junto a las acusaciones no demostradas, el frenético despliegue mediático de sus reflexiones (y no de su trabajo parlamentario), y el incondicional apoyo recibido por muchos que lo criticaban hasta ayer, pone de manifiesto la OPA hostil que UPyD está recibiendo estos días, y que alcanza niveles esperpénticos con la incorporación al debate de Alejo Vidal Quadras, que desde el partido VOX estaría dispuesto a sumar “sus 200.000 votos”, como si fueran suyos, en claro desprecio a sus votantes, a su partido, y a la inteligencia de cualquiera. Otra de las falsedades más graves lanzadas por Sosa ha sido afirmar que en la mitad de las Comunidades Autónomas el partido cuenta con gestoras, cuando esto sólo ocurre en una de ellas, Murcia, y por motivos debidamente razonados en poder de todos los afiliados de esta Comunidad Autónoma.

No hay duda de que en muchas ocasiones para insultar no hacen falta palabras malsonantes, sino que en determinados contextos, los silencios, las insinuaciones, o las simples intenciones, constituyen graves ofensas e insultos, pese a que puedan venir disfrazadas de monjita o de Lord inglés.  

En otras formaciones políticas se suele tapar con biombos y el intercambio de cromos este tipo de ‘conflictos’, y el debate acaba con decisiones emanadas de la dirección. En este caso, Rosa Díez, en virtud a la competencia que le confieren los estatutos aprobados por todos, ha convocado una sesión del Consejo Político, que es el órgano adecuado para el intercambio de ideas dentro el partido, aunque algunos prefieran las páginas de El Mundo o las redes sociales para debatir y decidir la cuestión de las posibles alianzas electorales.

El nacimiento de UPyD, como fuerza política revolucionaria e inequívocamente institucional, supuso, y aún supone, un polo de atracción para muchas personas de diferente naturaleza y condición. La novedad de su aparición en un mundo, el político, poco dado al surgimiento de proyectos nacionales de cierta relevancia, supuso el empuje necesario para que mucha gente decidiera su afiliación con objetivos diferentes, desde el ingenuo, pero sano, y utópico deseo de cambiar el mundo, al realista objetivo de condicionar las políticas y mejorar el país o el entorno, hasta razones mezquinas y siniestras, que incluyen desde los intereses puramente personales, las maniobras cercanas al espionaje, o la simple curiosidad. La juventud del partido y su transversalidad, pese a ser dos evidentes virtudes, también permiten que personas de ideas muy distintas, e incluso enfrentadas, convivan en una formación que aún no había definido, hasta la celebración de su I y II Congreso, precisamente esas cuestiones. De ahí que la creación del corpus ideológico haya supuesto un fortalecimiento del partido al tiempo que puede acarrear en ocasiones la pérdida de afiliados que discrepan con cuestiones fundamentales, o por verlo desde un punto de vista más sencillo: algunos no encuentran lo que esperaban y se van, al tiempo que afianza la afiliación de otros muchos, y atrae a nuevos solicitantes. 

Estas cuestiones, lejos de ser inconvenientes para el crecimiento, son importantes filtros naturales que van diseñando y moldeando el partido que se quiere ser, a través de la celebración de congresos, la aprobación de programas electorales, y el trabajo legislativo realizado en las instituciones. Esto, y no otra cosa, es lo que bajo mi punto de vista explica la evolución de afiliados de UPyD, con importante crecimiento en sus primeros años, pasando a un crecimiento mucho más lento y sosegado en sus años posteriores. Por eso, a partir de la madurez alcanzada a través del segundo Congreso de noviembre de 2013 no tienen por qué alarmar las fluctuaciones de afiliación, o incluso su estancamiento, pues responden a otros parámetros diferentes a los votos, o a las ventas de una empresa. Los sarampiones y demás son enfermedades habituales en organismos jóvenes, que lejos de enfermar crónicamente, se ven fortalecidos tras las gripes infantiles. 

La creación del partido y su funcionamiento abierto y participativo ha permitido la entrada de personas, como antes decía, de diferente naturaleza y condición. Morenos y rubios, altos y bajos, carnívoros y vegetarianos, etc., o por entrar en cuestiones más subjetivas, buenos y malos, listos y tontos, o eficientes y haraganes. Negar esto sería tan ingenuo como pensar que en las mejores Universidades del mundo no hay malos estudiantes, o que en los mejores ejércitos no hay soldados cobardes. Por cierto, que esa actitud hipócrita es la que ha llevado a la Iglesia Católica a perder credibilidad, tras negar continuadamente la existencia de casos de pederastia, aunque se haya tratado de enmendar y con acierto posteriormente. Las excepciones no deben, desde luego, manchar a la mayoría de una organización pero en ocasiones es complicado evitar que condicione la imagen proyectada.

En todos los partidos existen potenciales o reales corruptos, y lo que debe juzgarse, más allá de los casos existentes, es la capacidad de las formaciones para evitar la corrupción, y sobre todo, la actitud frente a los casos surgidos. Coincido con Carlos Martínez Gorriarán en que la corrupción política no es únicamente lo susceptible de ser juzgado, sino la mentira para alcanzar objetivos, el incumplimiento de compromisos con la ciudadanía, o la manipulación. Y en eso, nuestra formación, se ha mostrado implacable, y sin titubeos ha habido expulsiones fulminantes, por ejemplo de concejales, cuando éstos han supuesto un fraude a la sociedad.

Esto supone una clara diferencia frente a otros partidos que encubren a sus imputados, e incluso condenados, y tratan de justificar lo injustificable, cuando no premiándolos con puestos de responsabilidad como efectivo método silenciador. De ahí que, pese a que en todos los sitios cuezan habas, como reza este artículo, no en todos se cocinen ni se sirvan de la misma manera.

Al igual que la entrada en instituciones de personas, a priori honorables, puede suponer desagradables sorpresas, también la gestión orgánica puede sufrir estos casos, y en donde en principio puede esperarse un buen trabajo, puede resultar un auténtico desastre. Esto obliga al partido a actuar, como no puede ser de otro modo, en los casos excepcionales correspondientes, del modo escrupuloso que establezcan los estatutos y con el evidente respeto al ordenamiento jurídico, pero con determinación para la resolución de problemas y conflictos, y que excepcionalmente puede tener importantes consecuencias como las sanciones de carácter disciplinario, la disolución de órganos disfuncionales, o la anulación de un proceso electoral interno, como ha ocurrido en Murcia, clara excepción entre los casi 400 procesos de elección interna realizados hasta el momento. Lejos de interpretar estas acciones como reacciones eficaces y honestas, la prensa y los adversarios suelen aderezar estos hechos con tintes apocalípticos que se traduzcan en crisis internas irresolubles, o autoritarismos dictatoriales, cuando en realidad lo importante no está solo en lo que ocurre, sino en qué motivó esas decisiones y cómo se actúa frente a ellas desde la legalidad y la honradez. 

Es humano plantearse la conveniencia política, desde el punto de vista puramente estratégico y electoral, de actuar o no en casos como los citados, en los que las decisiones tienen difíciles consecuencias mediáticas, pero en los que la inacción constituye un auténtico fraude hacia los ciudadanos. De ahí que, volviendo a mi reflexión anterior, no actuar constituiría, esto sí, un claro ejemplo de cobardía, pero sobre todo, de corrupción política.

Por tanto, renunciar a la puesta en marcha de mecanismos internos que corrijan y arreglen la situación, mirando para otro lado, sería un ejercicio de hipocresía y de cinismo al que no estamos dispuestos a llegar ni yo ni la mayoría de afiliados y simpatizantes, cargos públicos y orgánicos, y por tanto, lejos de callar o esconder bajo la alfombra magenta la mierda, y continuar como si no pasara nada, es necesario en ocasiones sacar el carrito de limpieza o la caja de herramientas, y tratar de corregir, en el menor tiempo posible, la incidencia existente, con el objetivo de que continuemos siendo un medio eficaz, y no un fin, para el bienestar y el progreso de la sociedad, pese a que eso suponga la inevitable aparición de titulares periodísticos dañinos. 

Al hilo de esto, acerca de ser un medio, y no un fin, se entiende perfectamente la decisión de UPyD de no concurrir a las elecciones municipales en el mayor número de municipios posibles, sino en aquellos sitios en los que el trabajo realizado atesora una solvencia política beneficiosa para la sociedad. Está claro que el resultado obtenido en las elecciones europeas y los sondeos existentes, apuntan a que de presentar UPyD candidaturas de forma indiscriminada obtendría, posiblemente, miles de concejales en toda España. Pero esto sería una forma de entender los votos y el partido como un fin, y no como un medio, tal y como otras formaciones, a las que se nos quieren emparentar sin pedirnos permiso, hacen sin reparos a lo largo de todo el país.

Si el partido decidiera callar ante un mal funcionamiento en órganos territoriales, presentar listas con objeto de sumar subvenciones, pactar con formaciones de distinto proyecto político, o permitir difamaciones entre compañeros, no solamente se incurriría en graves irresponsabilidades, sino que este partido, sencillamente, dejaría de ser UPyD. Y esto, continuar siendo la herramienta para lo que nació este partido, o dejar de serlo, es lo que está en juego en estos convulsos días. 

Sobre el proceso de segregación de El Palmar

Hace pocos días, en el Pleno del Ayuntamiento de Murcia, se debatió la denegación de apertura de expediente de segregación de la pedanía de El Palmar, en Murcia. El motivo de la denegación es la no concurrencia de los requisitos previos para abrir expediente de segregación, los cuales son, entre otros, que si la segregación es parcial, ésta puede ser promovida por la mayoría de los vecinos de la parte que vaya a segregarse. Para ello es necesario que se acredite, mediante la presentación de firmas avalistas, cumplir esa mitad más uno, y la autoridad que certifica la validez de las firmas y acredita el cumplimiento del requisito es el Secretario del Ayuntamiento correspondiente. En este caso concreto es Antonio Marín Pérez, quién tras un proceso de verificación ha determinado mediante certificación que las firmas presentadas por la asociación Pro-Ayuntamiento de El Palmar no suman el número necesario para abrir el expediente. 
 
Esta respuesta choca frontalmente con las esperanzas y reivindicaciones de muchos vecinos de una pedanía de 23 000 habitantes, cuyos vecinos exigen más atención municipal y mejora de sus servicios. La  Asociación Pro Ayuntamiento de El Palmar se queja de que el proceso de verificación de firmas ha sido manifiéstamente irregular, pues se han rechazado, supuestamente, firmas válidas argumentando que eran duplicadas, ilegibles, o incluso de personas fallecidas. Esta situación, de ser así, debe ser denunciada y llevada ante quien corresponda, pues si se hubiera producido una certificación manipulada, estaríamos hablando de una intolerable prevaricación. Pero la realidad actual nos indica que ese no es el caso, pues la figura del Secretario, fedatario de la legalidad, emite una certificación oficial que debe condicionar el voto de los grupos municipales en esa denegación de apertura de expediente. 
 
Por ello, y sin atender a otras acusaciones no demostradas, mi voto y el de mi compañero José Antonio Sotomayor fue favorable a esa denegación atendiendo a la no concurrencia de los requisitos, como queda acreditada en la certificación correspondiente. Si la Justicia, llegado el caso, anulara dicha certificación, atenderíamos a esa nueva situación, pero nuestra obligación, por responsabilidad y por coherencia, es atender a la documentación que facilita el Secretario, y del que, por cierto, no tenemos por qué dudar en ningún caso. 
 
Que la mayoría del Pleno acate la legalidad y emita un voto responsable parece contrariar a la asociación (pese a que nuestro grupo solicitó que el asunto quedara sobre la mesa hasta aclarar aspectos relativos a las firmas), y provocó comentarios desacertados en relación a nuestra decisión de apoyar la denegación de apertura de expediente, y además, mezclando churras con merinas y tratando de confundir sobre las intenciones o planteamientos políticos del grupo municipal de Unión Progreso y Democracia. Y digo mezclando porque acusar de no querer escuchar al pueblo al único partido que pidió en el Pleno tratar también el asunto de la segregación no sólo administrativamente sino políticamente, parece chocante. Como también lo es que el Partido Socialista vote en contra de denegar la apertura de expediente (y por tanto desprecie la legalidad del certificado del Secretario), y además realice una acérrima defensa de la segregación de El Palmar, pero no lleve ese asunto al Pleno como moción política, algo a lo que invité desde mi escaño al portavoz socialista. 
 
Otra cuestión diferente, y al margen del procedimiento, es la de la conveniencia o no del proceso segregador desde el punto de vista político, o lo que es lo mismo: social, económico, y culturalmente. En ese caso, la postura de nuestro grupo es claramente de oposición (aunque deseamos que se debata en profundidad y donde corresponde) en primer lugar porque la mejora de las condiciones de los vecinos de El Palmar pasa por una mayor atención y mejora de la prestación de servicios que les ofrece el Consistorio, y en segundo lugar porque nuestro país debe encaminarse a un proceso de fusión municipal que permita la reducción de administración y burocracia, y no hacia la multiplicación de las mismas. 
 
En ese sentido nuestro país constituye la excepción en la Europa occidental, donde a lo largo del siglo XX se han producido importantes y en algunos casos radicales procesos de reducción de ayuntamientos y fusión de municipios (que no de pueblos), mientras que España mantiene intacto un mapa municipal decimonónico y con estructura parroquial.
 
El Ayuntamiento de Murcia, como todos los demás, debe atender al evidente desequilibrio entre ciudad y pedanías, con una capital mimada y con fuertes inversiones económicas y políticas, y unas pedanías ‘hermanas pobres’ que en algunos casos imaginan como salvador al proceso segregador. Si esto fuera así, además de ser lo justo, se disiparían legítimas aspiraciones de independencia, no por acatamiento, sino por propio convencimiento. 

Valcárcel, el Mago de Oz

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Los Munchkins eran esos enanitos de Oz que jubilosos recibieron la inesperada llegada de la salvadora Dorothy. Este pueblo confiaba en un misterioso mago que desde su fastuoso palacio imprimía respeto y temor a partes iguales. La realidad de Oz, tras los fuegos de artificio y los efectos de sonido e iluminación, es la de un vulgar mago ambulante que engaña con sus trucos a todo un pueblo y durante un largo periodo, siendo considerado un poderoso mago con sobrenaturales poderes. Como en Oz, en Murcia Valcárcel supo atrincherarse hábilmente tras la cortina – ‘Pay no attention to that man behind the curtain’, dicen en la película – ocultando el fracaso de los trucos, los aeropuertos que no llegan a abrir, las pésimas infraestructuras ferroviarias, los malos indicadores socioeconómicos, los acuerdos en materia hidrológica envenenados, y la ausencia de unos mimbres sobre los que construir la recuperación de esta región.

Pero el verdadero paralelismo se establece en el final de la historia, en el que el ilusionista, subido a su globo despide a los munchkins sin asumir responsabilidad, habiendo sólo reconocido el engaño a unos pocos, mientras el pueblo saluda y jalea al líder que se marcha hacia lejanas tierras con gesto de satisfacción. Los Munchkins lo despiden animosos e ingenuos, mientras que Dorothy, el espantapájaros, el león, y el hombre de hojalata, con semblantes bien distintos a los de la masa, y conocedores del fraude, no aciertan a comprender qué ha pasado realmente.

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La familia numerosa nueva rica

Parte del discurso expuesto en el Pleno de Presupuestos (noviembre 2013) para el año 2014. El voto de UPyD fue negativo, y este es un fragmento del mismo: 
“Les voy a contar la historia de una familia numerosa. Esta familia, con numerosos hijos, en los años de bonanza llegó a disponer de dos sueldos en la casa; un empleo normal, bien remunerado, y otro sueldo más modesto, que llegaba a ser grande a base de horas extras y complementos varios. Y con esto era suficiente.
Suficiente para construir para su amplio pero humilde cortijo familiar una gran piscina climatizada, para comprar un precioso Porsche biplaza de 90 000 euros, mientras que al mismo tiempo, olvidaban pasar las pequeñas reparaciones y revisiones que el monovolúmen familiar precisaba, quedándose arrumbado en el garaje, mandando a sus hijos al colegio en modernas motocicletas y tirando de taxi para cualquier salida. 
Al cabo de los años, esa familia fue perdiendo ingresos, debido a que uno de los padres perdió el empleo que tenía, y tuvieron que ajustar gastos. La primera medida fue echar alguna hora más de trabajo; pero eso ahora no era suficiente, así que consideraron reducir gastos concretos.
Pronto se dieron cuenta de que, del flamante Porsche que habían comprado, apenas habían pagado unas pocas cuotas, y que deberían seguir haciendo frente cada mes a la imponente letra, puesto que venderlo sería imposible, y de poder hacerlo sólo reducirían unas insignificantes mensualidades.
Para colmo, se dieron cuenta que el deportivo, aunque no permitía que cupieran más de 2, seguía necesitando los mismos 20 litros a los 100 kilómetros que antes. Los chicos tuvieron que aparcar sus motos, no podían pagarse los seguros, pero el antiguo coche, el monovolúmen que a todos llevaba, acumulaba polvo sin revisión, ni ITV´s. 
Ese verano volvieron a llenar la piscina, pero la factura del agua fue más difícil de pagar, y la electricidad que precisaban las lujosas farolas del jardín eran demasiado. Apagaron una de cada dos. Las frívolas esculturas del jardín ya no lucían igual. 
Y luego quedaba el zoo. La familia, en un viaje exótico, se encaprichó de los animales salvajes y decidió que su pequeña finca sería un lugar ideal para mantener enjaulados unas cuantas piezas africanas. Pero, ¡oh! cada vez que le echaban la carne a las fieras lamentaban tener la nevera un poco más vacía mientras cada león comía cada día más. 
Así que quedaban pocas posibilidades para conseguir llegar a fin de mes, y esas pasaban por menos libros para los chicos, menos salidas al teatro o no renovar el vestuario, y esto llegó a afectar hasta a los abuelos. 
Algunos de los hijos, los más críticos, se preguntaban por qué no se habían hecho mejor las cosas, por qué no se había gestionado con más control, pero sabían que sería complicado hacérselo entender al padre mientras éste seguía convencido de lo acertado que fue comprar el porsche, mientras le echaba de comer a los leones, y jugaba al paddle en la lujosa pista del jardín casi sin luz.”
No entendí otra forma mejor de explicar los despropósitos populares en la ciudad: el zoo de Terra Natura que cuesta 3 millones de euros cada año, el tranvía de trazado equivocado de 11 millones al año, explotaciones deportivas privadas por valor de más de 4 millones al año, etc.
Otro modelo de ciudad es posible, y además es necesario. Y en Unión Progreso y Democracia queremos hacer posible lo que es necesario.