Una Murcia moderna y sin miedo

En ocasiones la actualidad y el día a día nos hace centrarnos en cuestiones concretas, como el tráfico, los presupuestos, un hecho concreto, etc. y perdemos la perspectiva de la situación municipal. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de señalar nuestro diagnóstico sobre una cuestión fundamental en la política: la relación de las instituciones con sus representados, las relaciones humanas. Y precisamente esta cuestión requiere una importante revisión que permita eliminar actitudes y mecanismos que ha implantado el Partido Popular enormemente nocivos para esta sociedad murciana. Y creemos que esto no ha sido nunca lo suficientemente denunciado.
Queremos gobernar, y alcanzar la alcaldía porque queremos una ciudad donde se pueda hablar libremente de política, del voto, de las ideas, y no mirando de reojo, con cautela. ¿A que nadie imagina una ciudad europea moderna en la que sus habitantes temen ser señalados por sus ideas?
Queremos unas ayudas a quien lo necesita, y no a quien da más votos, a quien más beneficio partidista da. El ayuntamiento debe priorizar, no penalizar a unos y beneficiar a otros. Quiero una ciudad moderna, justa, que reparta oportunidades, y no pasteles de carne.
Una ciudad moderna, no rancia y con tufo a alcanfor. Este ayuntamiento mantiene a Murcia en un largo letargo provinciano y decimonónico. Quiero un ayuntamiento que genere confianza y no miedo. Ese es un mérito de este consistorio: infundir temor al que no comulga, al que discrepa. Sorprende la cantidad de gente que teme reivindicar asuntos justos y legítimos por miedo a represalias, a ser señalado, a que su nombre forme parte de las listas negras de pedáneos y concejales. Muchos funcionarios no quieren hablar, muchos vecinos no quieren que nos veamos en el despacho municipal. Asociaciones que no quieren hablar de la situación de un sector por miedo a perder ayudas. Esto existe en este municipio.  En Murcia no se habla de política porque trae problemas, y eso es intolerable. Con piel de cordero el PP ha instalado en muchos sectores y ámbitos de nuestro municipio prácticas más propias de repúblicas bananeras que de una democracia consolidada.
La gente no entra en política por el descrédito de sus responsables, de acuerdo, pero también porque entrar en política trae problemas. Vaya mérito de este gobierno.
Queremos una cultura y unas fiestas atractivas y de todos, no de unos pocos. Aquí se priman determinados festejos. Se invierte MUCHO en fiestas, en petardos y tracas, y poco en cultura de verdad. Pero claro… eso da votos. Hay que reordenar la asignación de presupuestos a las Juntas.
Unas pedanías transparentes y modernas, no feudales. No hay derecho a que muchos pedáneos actúen como sheriffs y no como servidores públicos, para ayudar, servir. El pedáneo es el representante del ayuntamiento en cada pedanía, no un comisario político más cercano a la Rusia comunista o a la España de los 50. Hay lugares de este municipio donde el PP es el Partido de Palermo. ¿Es aceptable que se acometan arreglos o inversiones en pedanías en las calles o tramos que favorecen al amigo o al votante? ¿Es correcto que puedan acometer obras o reparaciones sin dar cuenta y justificación previa?
Al final los murcianos no queremos una revolución que lo ponga todo patas arriba o dinamite el sistema. Los murcianos queremos trabajar y tener prosperidad y tiempo libre para disfrutar de nuestra familia, amigos, y nuestro clima. Algunos han instalado el salario del miedo, silenciando funcionarios, han generado el feudalismo en las pedanías, han cavado zanjas en cada pueblo, en cada barrio, zanjas que indicaban que a un lado estaban los suyos, y al otro los contrarios. El PP ha convertido el ayuntamiento, la casa de todos, en la casa del PP, la política de amiguetes, caciquil y autoritaria.

Por eso ha llegado el momento de cambiar esto de una vez, tras 20 años de gobierno popular, y un gobierno socialista anterior que aplicaba recetas similares de autoritarismo. Es la hora de hacerlo bien.

El Teatro del Alcalde

Murcia está triste sin teatro. Desde hace casi cuatro años el principal teatro de la Región, el Romea, permanece cerrado debido a tareas de rehabilitación. Tareas que han ido demorándose en el tiempo, en ocasiones de forma injustificada (no digo que injustificable), y han sido las causas del cruce de reproches por parte de la empresa contratada, y los portavoces municipales.

Mientras tanto, Murcia sin Teatro, que viene a ser lo importante, y lo que en definitiva afecta a los murcianos. Y sin soluciones alternativas, ni programaciones desplazadas a otro lugar. Lo cierto es que hay un movimiento ciudadano contra el retraso en las obras que va subiendo el tono y la actividad a medida que se acerca el 22 de mayo, de igual forma que las tareas de terminación adquirirán tintes frenéticos las próximas semanas.

El Alcalde, mientras tanto, relanza su cuenta de Twitter, y aunque tenso como el telón del Romea, intenta participar en las conversaciones que, evidentemente, le interesan, y no en aquellas que se le pide algo tan normal como que reciba a los representantes de 6200 vecinos del municipio de Murcia que hace menos de dos años votaron a UPyD. ¿Tan difícil es? Parece que sí. Me apuesto media batería de mi portátil a que se reuniría hasta con un club de amigos de las chapas (no sé si lo hay), pero no con aquéllos que lo que van a decirle es, precisamente, lo que no quiere oír.

Pues eso, que a falta de Teatro, pidiendo una nariz de payaso y desde el edificio de la Glorieta, trata de desempeñar un papel que no le pega. Recientemente ha llegado a escribir en su Twitter la intención de la Asociación de Internautas de recurrir la Ley Sinde en el Constitucional. ¿Es o no teatral que el mismo día que su partido la vota en el Parlamento él intente, como ya hizo Pons, acercarse torpemente hacia los internautas pareciendo que no va con ellos la cantinela? Me recuerda a los padres que, queriéndose hacer los modernos para ganarse la amistad de sus hijos adoptan unas poses y un vocabulario que por innatural resulta ridículo.

Yo, que aún le tengo respeto, como persona y como institución, veo con cierto pesar como su silencio ante la reclamación cortés y cordial de UPyD de charlar unos minutos sobre nuestra existencia, provoca la misma actitud que manifiestan esos niños que escondiéndose bajo las sábanas creen haber hecho desaparecer al coco. Su coco existe, se empeñen o no en hacerlo desaparecer, se llama Marea Magenta e inunda cada día nuestros pueblos y regiones.

Foto de aquí