Un Tranvía llamado capricho

Para ir al grano: 9 millones de euros al año nos cuesta a los murcianos el tranvía de Murcia.

El actual trazado del tranvía recorre principalmente dos calles de la ciudad que le sirven de eje: Avda. Juan Carlos I, y Avenida Juan de Borbón. Corresponden a dos grandes vías con una bajísima densidad de población dado que no están urbanizadas al 100%. Incluso en el caso de edificios ya construidos sus balcones denotan la crisis de la burbuja inmobiliaria, pues abundan los conocidos carteles de venta y/o alquiler. Por otro lado el recorrido finaliza en dos enclaves concretos: una Universidad privada, y en un centro comercial. Coincidiremos en que no son necesidades básicas, sobre todo si tenemos en cuenta que no se diseñó línea en dirección a importantes centros hospitalarios o polígonos industriales.

Sí considero un acierto que el trazado pase por la Universidad de Murcia, la pública, aunque no creo que hubiera sido necesario que recorra todo el campus (de forma elíptica), pues con una parada en un lugar central, gracias a los caminos radiales del campus, hubiera sido más que suficiente. De esta forma, pasando por todo el campus se pierde tiempo en los trayectos, se multiplican las paradas, y lo que es más importante: a mayor número de metros, más cara la infraestructura.

Urge acometer la construcción de una línea que, enlazando con las existentes, conecte la parte sur del municipio y convierta al tranvía en un medio rentable y eficiente. Actualmente con el número de viajeros existente no guarda relación con la enorme subvención de 9 millones de €.

Esta semana el Tranvía ha sido galardonado en Londres con un premio a la iniciativa medioambiental del año. Me alegro de que un jurado haya valorado las características energéticas del proyecto y de su impacto medioambiental. Ahora el premio será vendido, posiblemente no como un premio medioambiental, que es lo que es, sino como un premio al tranvía en su conjunto.

No nos dejemos engañar: también el personaje de Robert de Niro en Casino iba impecablemente vestido, pero al mismo tiempo era un auténtico cabrón.