Presentación de mi candidatura en las primarias de UPyD en Murcia

Hola, soy Rubén Juan Serna, actual portavoz de Unión Progreso y Democracia en el Ayuntamiento de Murcia, responsabilidad que he desempeñado durante los últimos tres años y medio.

Licenciado en Historia del Arte y en Periodismo, estoy habilitado como Guía Oficial de Turismo de la Región de Murcia bilingüe (inglés), poseo el Diploma de Estudios Avanzados en Didáctica de las Ciencias Sociales y soy profesor de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia.

Presento mi candidatura a la reelección como cabeza de lista al Ayuntamiento de Murcia, séptimo municipio de España por población, con el objetivo de continuar durante la próxima legislatura el trabajo emprendido en 2011, porque estoy seguro que Unión Progreso y Democracia será decisiva en las próximas elecciones municipales.

Esto es mérito de las propuestas y del trabajo de mi compañero durante este tiempo, José Antonio Sotomayor, y de todos aquellos que habéis
colaborado en mayor o menor medida con las iniciativas y difusión de nuestro grupo.

Sumado a vuestra ayuda, UPyD debe ser capaz de atajar de raíz los problemas que sufre el municipio, que provienen en gran medida de la forma de hacer política del gobierno municipal durante estos últimos 20 años de mayoría absoluta.

En 2015 podéis estar seguros que la pérdida de la mayoría absoluta del Partido Popular a nivel municipal, supondrá un escenario de cambio que no se producía en Murcia desde 1995 y una oportunidad única de regeneración social e institucional.

Esta situación me empuja aún más si cabe a seguir trabajando y preparándome para cumplir con la obligación que vosotros, los afiliados, y por extensión, todos los ciudadanos de Murcia, van a exigirme si cuento con vuestro apoyo para encabezar la lista de nuestro partido, y al conjunto del equipo que esté presente en el Ayuntamiento.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos vosotros para que os suméis a este proyecto clave para llevar a cabo las reformas políticas que necesitan con urgencia tanto el municipio como la Región de Murcia.

La confianza depositada por los ciudadanos en nosotros en las elecciones de 2011 debe servir de base para consolidar y culminar el crecimiento tanto cuantitativo como cualitativo de UPyD. Nacimos para cambiar la forma de hacer política, no para negociar sillones ni cargos, y eso es lo que haré si depositáis vuestra confianza y vuestro voto en mi candidatura.

Murcia precisa ahora de fuerzas políticas y líderes capaces de cambiar la situación desde la coherencia, la honradez y el trabajo. Estas tres virtudes han sido bandera de la labor de UPyD en el Ayuntamiento estos años y deben seguir siéndolo. Como todos sabéis, en UPyD somos lo que hacemos. Hemos conseguido, todos, hacer de UPyD una fuerza respetada y seria, tanto por los ciudadanos y la sociedad civil como por el resto de partidos y los medios de comunicación.

Esta reputación es el fruto del trabajo diario, de las propuestas, de las posiciones políticas, del diálogo conciliador y también de la firmeza cuando haya correspondido. Podemos decir con orgullo a toda la afiliación de nuestra localidad que nuestro partido ha logrado una buena consideración en la sociedad de la capital de la Región.

Un partido insobornable, eminentemente institucional y preparado para los retos del futuro. El tablero resultante de las próximas elecciones permitirá a UPyD ejercer un papel más influyente e incluso decisivo en la política municipal. Este nuevo horizonte precisa de políticas serias, profundas, sensatas, y alejadas del populismo fácil; honradas e íntegras, y blindadas ante las persuasiones y presiones externas. Somos incómodos por el trabajo realizado y por el que realizaremos en el futuro.

Esta candidatura que presento, y para la que os pido que renovéis vuestra confianza con vuestro voto, es garantía de estos valores y principios que he señalado. Sabéis que hemos cumplido y os hemos representado, y queremos seguir haciéndolo.

A propósito de los imputados

(Artículo publicado en el diario La Verdad el 20 de noviembre de 2014)

Existe una única diferencia entre aquellos que piensan que los imputados por delitos de corrupción deben apartarse de sus cargos públicos, y aquellos que apelan a la presunción de inocencia para mantenerse en ellos: el concepto que se tenga de servicio público.

La política debe entenderse como una actividad, una dedicación, y no como un empleo. Uno de los riesgos de ejercer un cargo público en la Administración es adaptarse a su funcionamiento, a sus características, en un nocivo proceso de ‘funcionarización’. Es decir, cuando el político entiende la función como puesto de trabajo, mimetizándose con el funcionario, asumiendo de manera inconsciente los modos, maneras y pensamiento de éste.

Para evitar esto, los políticos deberíamos repetirnos cada día, frente al espejo, para qué estamos en política y por qué, para tener muy presente que nuestra posición es pasajera, y que depende de la voluntad ciudadana y no de la nuestra.

Está claro que para reforzar la honestidad con la que debe hacerse ese ejercicio es conveniente, aunque no imprescindible, que el político no tenga una dependencia vital y económica con la remuneración obtenida en su cargo, porque de no ser así se agarrará al sillón que ocupa como medio de supervivencia primitivo. E igualmente se debe recelar de aquellos jóvenes que puentean el mercado laboral saltando con pértiga de la Universidad al cargo público, sin experiencia laboral alguna.

En el Antiguo Régimen, allí donde un estamento privilegiado gozaba de ventajas frente a un Tercer Estado de silentes trabajadores y parias, no cabía el pasar de un estamento a otro salvo accidentales ocasiones. El noble no dejaba de serlo, ni el campesino podía, al menos hasta la puesta en práctica de revolucionarias ideas ilustradas, formar parte de las decisiones públicas.

Hoy en día nuestra sociedad permite la participación en política de todos, lo cual es inseparable de que todo aquel que participa en ella también puede volver a la vida civil y “llana”. La negativa de muchos imputados en delitos de corrupción de apartarse temporalmente de sus funciones políticas denota el concepto de “clase” al que creen pertenecer una vez jurado el cargo, y ven indignante que se reclame desde una renovada sala del Juego de Pelota su dimisión.

Hay distintos grados de sospecha sobre un imputado: la investigación, la imputación, la apertura de juicio, la acusación y un largo etcétera. Sin ser jurista, pero sí político, la sospecha sobre un servidor público de haber actuado de forma ilegal, beneficiándose a sí mismo o a terceros, debe llevar aparejada la separación, voluntaria o preceptiva, hasta que sea aclarada la situación.

Sin necesidad de mencionar delitos ominosos contra la infancia, los ancianos, o determinados colectivos, todos entendemos necesario apartar al sospechoso del objeto del delito durante la sospecha. Salvemos las distancias, pero hagamos igual con nuestro dinero, nuestros servicios públicos, y no permitamos que lo maneje quien tenga sobre sí la duda. Presunción de inocencia siempre, pero desde fuera de las instituciones. El daño de mantener a un corrupto, de ser cierto el delito, es mayor que apartar discretamente a un servidor inocente.

En todas partes cuecen habas, pero no se cuecen igual

Recientemente el eurodiputado de UPyD, Francisco Sosa Wagner, realizó unas declaraciones en un tono correcto acerca de un manido debate, ya histórico, en relación a UPyD: la posible confluencia electoral y orgánica con el partido catalán Ciudadanos. Junto a esta referencia, Sosa señalaba la existencia de ciertas prácticas autoritarias dentro de la formación, sin especificar alguna. Sumándose a sus reflexiones, han surgido desde respetables y bienintencionados afiliados magentas y cargos públicos (con los que no estoy de acuerdo, pero a los que respeto), o tertulianos y columnistas, hasta frikis varios y buscavidas políticos. Pasando, por supuesto, por pescadores de los de río revuelto, a la búsqueda de carnaza que utilizar para sus libelos. 

Pero dejando a un lado el interesante debate de alianzas electorales del que existen diferentes posiciones, aunque en el reciente II Congreso de UPyD se acordara de forma mayoritaria no realizar coaliciones ni fusiones con otras formaciones, lo que más sorprende de las declaraciones del europarlamentario son las acusaciones y falsedades que ha ido soltando estos días con su aire de excéntrico gentleman, y que vienen a cuestionar su aspecto de inequívoca credibilidad, pues sencillamente no son verdad. Empecemos por el autoritarismo que denuncia, por cierto sin mencionar ejemplo alguno, y que choca de manera directa con el hecho de que él mismo haya “ido por libre” en votaciones clave sin haber sido recriminado, o el hecho de que haya realizado estas declaraciones a través de un medio de comunicación, y no en el órgano interno adecuado, que es el Consejo Político, y del que somos compañeros y en el que nunca le he oído nada en este sentido y ni siquiera mencionar la palabra Ciudadanos. Esto, junto a las acusaciones no demostradas, el frenético despliegue mediático de sus reflexiones (y no de su trabajo parlamentario), y el incondicional apoyo recibido por muchos que lo criticaban hasta ayer, pone de manifiesto la OPA hostil que UPyD está recibiendo estos días, y que alcanza niveles esperpénticos con la incorporación al debate de Alejo Vidal Quadras, que desde el partido VOX estaría dispuesto a sumar “sus 200.000 votos”, como si fueran suyos, en claro desprecio a sus votantes, a su partido, y a la inteligencia de cualquiera. Otra de las falsedades más graves lanzadas por Sosa ha sido afirmar que en la mitad de las Comunidades Autónomas el partido cuenta con gestoras, cuando esto sólo ocurre en una de ellas, Murcia, y por motivos debidamente razonados en poder de todos los afiliados de esta Comunidad Autónoma.

No hay duda de que en muchas ocasiones para insultar no hacen falta palabras malsonantes, sino que en determinados contextos, los silencios, las insinuaciones, o las simples intenciones, constituyen graves ofensas e insultos, pese a que puedan venir disfrazadas de monjita o de Lord inglés.  

En otras formaciones políticas se suele tapar con biombos y el intercambio de cromos este tipo de ‘conflictos’, y el debate acaba con decisiones emanadas de la dirección. En este caso, Rosa Díez, en virtud a la competencia que le confieren los estatutos aprobados por todos, ha convocado una sesión del Consejo Político, que es el órgano adecuado para el intercambio de ideas dentro el partido, aunque algunos prefieran las páginas de El Mundo o las redes sociales para debatir y decidir la cuestión de las posibles alianzas electorales.

El nacimiento de UPyD, como fuerza política revolucionaria e inequívocamente institucional, supuso, y aún supone, un polo de atracción para muchas personas de diferente naturaleza y condición. La novedad de su aparición en un mundo, el político, poco dado al surgimiento de proyectos nacionales de cierta relevancia, supuso el empuje necesario para que mucha gente decidiera su afiliación con objetivos diferentes, desde el ingenuo, pero sano, y utópico deseo de cambiar el mundo, al realista objetivo de condicionar las políticas y mejorar el país o el entorno, hasta razones mezquinas y siniestras, que incluyen desde los intereses puramente personales, las maniobras cercanas al espionaje, o la simple curiosidad. La juventud del partido y su transversalidad, pese a ser dos evidentes virtudes, también permiten que personas de ideas muy distintas, e incluso enfrentadas, convivan en una formación que aún no había definido, hasta la celebración de su I y II Congreso, precisamente esas cuestiones. De ahí que la creación del corpus ideológico haya supuesto un fortalecimiento del partido al tiempo que puede acarrear en ocasiones la pérdida de afiliados que discrepan con cuestiones fundamentales, o por verlo desde un punto de vista más sencillo: algunos no encuentran lo que esperaban y se van, al tiempo que afianza la afiliación de otros muchos, y atrae a nuevos solicitantes. 

Estas cuestiones, lejos de ser inconvenientes para el crecimiento, son importantes filtros naturales que van diseñando y moldeando el partido que se quiere ser, a través de la celebración de congresos, la aprobación de programas electorales, y el trabajo legislativo realizado en las instituciones. Esto, y no otra cosa, es lo que bajo mi punto de vista explica la evolución de afiliados de UPyD, con importante crecimiento en sus primeros años, pasando a un crecimiento mucho más lento y sosegado en sus años posteriores. Por eso, a partir de la madurez alcanzada a través del segundo Congreso de noviembre de 2013 no tienen por qué alarmar las fluctuaciones de afiliación, o incluso su estancamiento, pues responden a otros parámetros diferentes a los votos, o a las ventas de una empresa. Los sarampiones y demás son enfermedades habituales en organismos jóvenes, que lejos de enfermar crónicamente, se ven fortalecidos tras las gripes infantiles. 

La creación del partido y su funcionamiento abierto y participativo ha permitido la entrada de personas, como antes decía, de diferente naturaleza y condición. Morenos y rubios, altos y bajos, carnívoros y vegetarianos, etc., o por entrar en cuestiones más subjetivas, buenos y malos, listos y tontos, o eficientes y haraganes. Negar esto sería tan ingenuo como pensar que en las mejores Universidades del mundo no hay malos estudiantes, o que en los mejores ejércitos no hay soldados cobardes. Por cierto, que esa actitud hipócrita es la que ha llevado a la Iglesia Católica a perder credibilidad, tras negar continuadamente la existencia de casos de pederastia, aunque se haya tratado de enmendar y con acierto posteriormente. Las excepciones no deben, desde luego, manchar a la mayoría de una organización pero en ocasiones es complicado evitar que condicione la imagen proyectada.

En todos los partidos existen potenciales o reales corruptos, y lo que debe juzgarse, más allá de los casos existentes, es la capacidad de las formaciones para evitar la corrupción, y sobre todo, la actitud frente a los casos surgidos. Coincido con Carlos Martínez Gorriarán en que la corrupción política no es únicamente lo susceptible de ser juzgado, sino la mentira para alcanzar objetivos, el incumplimiento de compromisos con la ciudadanía, o la manipulación. Y en eso, nuestra formación, se ha mostrado implacable, y sin titubeos ha habido expulsiones fulminantes, por ejemplo de concejales, cuando éstos han supuesto un fraude a la sociedad.

Esto supone una clara diferencia frente a otros partidos que encubren a sus imputados, e incluso condenados, y tratan de justificar lo injustificable, cuando no premiándolos con puestos de responsabilidad como efectivo método silenciador. De ahí que, pese a que en todos los sitios cuezan habas, como reza este artículo, no en todos se cocinen ni se sirvan de la misma manera.

Al igual que la entrada en instituciones de personas, a priori honorables, puede suponer desagradables sorpresas, también la gestión orgánica puede sufrir estos casos, y en donde en principio puede esperarse un buen trabajo, puede resultar un auténtico desastre. Esto obliga al partido a actuar, como no puede ser de otro modo, en los casos excepcionales correspondientes, del modo escrupuloso que establezcan los estatutos y con el evidente respeto al ordenamiento jurídico, pero con determinación para la resolución de problemas y conflictos, y que excepcionalmente puede tener importantes consecuencias como las sanciones de carácter disciplinario, la disolución de órganos disfuncionales, o la anulación de un proceso electoral interno, como ha ocurrido en Murcia, clara excepción entre los casi 400 procesos de elección interna realizados hasta el momento. Lejos de interpretar estas acciones como reacciones eficaces y honestas, la prensa y los adversarios suelen aderezar estos hechos con tintes apocalípticos que se traduzcan en crisis internas irresolubles, o autoritarismos dictatoriales, cuando en realidad lo importante no está solo en lo que ocurre, sino en qué motivó esas decisiones y cómo se actúa frente a ellas desde la legalidad y la honradez. 

Es humano plantearse la conveniencia política, desde el punto de vista puramente estratégico y electoral, de actuar o no en casos como los citados, en los que las decisiones tienen difíciles consecuencias mediáticas, pero en los que la inacción constituye un auténtico fraude hacia los ciudadanos. De ahí que, volviendo a mi reflexión anterior, no actuar constituiría, esto sí, un claro ejemplo de cobardía, pero sobre todo, de corrupción política.

Por tanto, renunciar a la puesta en marcha de mecanismos internos que corrijan y arreglen la situación, mirando para otro lado, sería un ejercicio de hipocresía y de cinismo al que no estamos dispuestos a llegar ni yo ni la mayoría de afiliados y simpatizantes, cargos públicos y orgánicos, y por tanto, lejos de callar o esconder bajo la alfombra magenta la mierda, y continuar como si no pasara nada, es necesario en ocasiones sacar el carrito de limpieza o la caja de herramientas, y tratar de corregir, en el menor tiempo posible, la incidencia existente, con el objetivo de que continuemos siendo un medio eficaz, y no un fin, para el bienestar y el progreso de la sociedad, pese a que eso suponga la inevitable aparición de titulares periodísticos dañinos. 

Al hilo de esto, acerca de ser un medio, y no un fin, se entiende perfectamente la decisión de UPyD de no concurrir a las elecciones municipales en el mayor número de municipios posibles, sino en aquellos sitios en los que el trabajo realizado atesora una solvencia política beneficiosa para la sociedad. Está claro que el resultado obtenido en las elecciones europeas y los sondeos existentes, apuntan a que de presentar UPyD candidaturas de forma indiscriminada obtendría, posiblemente, miles de concejales en toda España. Pero esto sería una forma de entender los votos y el partido como un fin, y no como un medio, tal y como otras formaciones, a las que se nos quieren emparentar sin pedirnos permiso, hacen sin reparos a lo largo de todo el país.

Si el partido decidiera callar ante un mal funcionamiento en órganos territoriales, presentar listas con objeto de sumar subvenciones, pactar con formaciones de distinto proyecto político, o permitir difamaciones entre compañeros, no solamente se incurriría en graves irresponsabilidades, sino que este partido, sencillamente, dejaría de ser UPyD. Y esto, continuar siendo la herramienta para lo que nació este partido, o dejar de serlo, es lo que está en juego en estos convulsos días. 

Sobre el proceso de segregación de El Palmar

Hace pocos días, en el Pleno del Ayuntamiento de Murcia, se debatió la denegación de apertura de expediente de segregación de la pedanía de El Palmar, en Murcia. El motivo de la denegación es la no concurrencia de los requisitos previos para abrir expediente de segregación, los cuales son, entre otros, que si la segregación es parcial, ésta puede ser promovida por la mayoría de los vecinos de la parte que vaya a segregarse. Para ello es necesario que se acredite, mediante la presentación de firmas avalistas, cumplir esa mitad más uno, y la autoridad que certifica la validez de las firmas y acredita el cumplimiento del requisito es el Secretario del Ayuntamiento correspondiente. En este caso concreto es Antonio Marín Pérez, quién tras un proceso de verificación ha determinado mediante certificación que las firmas presentadas por la asociación Pro-Ayuntamiento de El Palmar no suman el número necesario para abrir el expediente. 
 
Esta respuesta choca frontalmente con las esperanzas y reivindicaciones de muchos vecinos de una pedanía de 23 000 habitantes, cuyos vecinos exigen más atención municipal y mejora de sus servicios. La  Asociación Pro Ayuntamiento de El Palmar se queja de que el proceso de verificación de firmas ha sido manifiéstamente irregular, pues se han rechazado, supuestamente, firmas válidas argumentando que eran duplicadas, ilegibles, o incluso de personas fallecidas. Esta situación, de ser así, debe ser denunciada y llevada ante quien corresponda, pues si se hubiera producido una certificación manipulada, estaríamos hablando de una intolerable prevaricación. Pero la realidad actual nos indica que ese no es el caso, pues la figura del Secretario, fedatario de la legalidad, emite una certificación oficial que debe condicionar el voto de los grupos municipales en esa denegación de apertura de expediente. 
 
Por ello, y sin atender a otras acusaciones no demostradas, mi voto y el de mi compañero José Antonio Sotomayor fue favorable a esa denegación atendiendo a la no concurrencia de los requisitos, como queda acreditada en la certificación correspondiente. Si la Justicia, llegado el caso, anulara dicha certificación, atenderíamos a esa nueva situación, pero nuestra obligación, por responsabilidad y por coherencia, es atender a la documentación que facilita el Secretario, y del que, por cierto, no tenemos por qué dudar en ningún caso. 
 
Que la mayoría del Pleno acate la legalidad y emita un voto responsable parece contrariar a la asociación (pese a que nuestro grupo solicitó que el asunto quedara sobre la mesa hasta aclarar aspectos relativos a las firmas), y provocó comentarios desacertados en relación a nuestra decisión de apoyar la denegación de apertura de expediente, y además, mezclando churras con merinas y tratando de confundir sobre las intenciones o planteamientos políticos del grupo municipal de Unión Progreso y Democracia. Y digo mezclando porque acusar de no querer escuchar al pueblo al único partido que pidió en el Pleno tratar también el asunto de la segregación no sólo administrativamente sino políticamente, parece chocante. Como también lo es que el Partido Socialista vote en contra de denegar la apertura de expediente (y por tanto desprecie la legalidad del certificado del Secretario), y además realice una acérrima defensa de la segregación de El Palmar, pero no lleve ese asunto al Pleno como moción política, algo a lo que invité desde mi escaño al portavoz socialista. 
 
Otra cuestión diferente, y al margen del procedimiento, es la de la conveniencia o no del proceso segregador desde el punto de vista político, o lo que es lo mismo: social, económico, y culturalmente. En ese caso, la postura de nuestro grupo es claramente de oposición (aunque deseamos que se debata en profundidad y donde corresponde) en primer lugar porque la mejora de las condiciones de los vecinos de El Palmar pasa por una mayor atención y mejora de la prestación de servicios que les ofrece el Consistorio, y en segundo lugar porque nuestro país debe encaminarse a un proceso de fusión municipal que permita la reducción de administración y burocracia, y no hacia la multiplicación de las mismas. 
 
En ese sentido nuestro país constituye la excepción en la Europa occidental, donde a lo largo del siglo XX se han producido importantes y en algunos casos radicales procesos de reducción de ayuntamientos y fusión de municipios (que no de pueblos), mientras que España mantiene intacto un mapa municipal decimonónico y con estructura parroquial.
 
El Ayuntamiento de Murcia, como todos los demás, debe atender al evidente desequilibrio entre ciudad y pedanías, con una capital mimada y con fuertes inversiones económicas y políticas, y unas pedanías ‘hermanas pobres’ que en algunos casos imaginan como salvador al proceso segregador. Si esto fuera así, además de ser lo justo, se disiparían legítimas aspiraciones de independencia, no por acatamiento, sino por propio convencimiento. 

Valcárcel, el Mago de Oz

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Los Munchkins eran esos enanitos de Oz que jubilosos recibieron la inesperada llegada de la salvadora Dorothy. Este pueblo confiaba en un misterioso mago que desde su fastuoso palacio imprimía respeto y temor a partes iguales. La realidad de Oz, tras los fuegos de artificio y los efectos de sonido e iluminación, es la de un vulgar mago ambulante que engaña con sus trucos a todo un pueblo y durante un largo periodo, siendo considerado un poderoso mago con sobrenaturales poderes. Como en Oz, en Murcia Valcárcel supo atrincherarse hábilmente tras la cortina – ‘Pay no attention to that man behind the curtain’, dicen en la película – ocultando el fracaso de los trucos, los aeropuertos que no llegan a abrir, las pésimas infraestructuras ferroviarias, los malos indicadores socioeconómicos, los acuerdos en materia hidrológica envenenados, y la ausencia de unos mimbres sobre los que construir la recuperación de esta región.

Pero el verdadero paralelismo se establece en el final de la historia, en el que el ilusionista, subido a su globo despide a los munchkins sin asumir responsabilidad, habiendo sólo reconocido el engaño a unos pocos, mientras el pueblo saluda y jalea al líder que se marcha hacia lejanas tierras con gesto de satisfacción. Los Munchkins lo despiden animosos e ingenuos, mientras que Dorothy, el espantapájaros, el león, y el hombre de hojalata, con semblantes bien distintos a los de la masa, y conocedores del fraude, no aciertan a comprender qué ha pasado realmente.

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El capitán del Costa Concordia

Artículo aparecido en la sección ‘Tribuna Política’ de la edición impresa del diario LA VERDAD el 13/03/2014

La renuncia de Ramón Luis Valcárcel a continuar ocupando la presidencia de la Comunidad Autónoma tras dieciocho años ininterrumpidos constituye, sin lugar a dudas, un acontecimiento político y mediático de primer orden.

Unión Progreso y Democracia ha reclamado, desde el primer día en que se hiciera pública esta decisión, la convocatoria de elecciones anticipadas. Es un descrédito para la democracia que el próximo en ocupar el sillón presidencial hasta las elecciones de 2015 no se elija directamente por los ciudadanos.

A este respecto, resulta curioso que algunos también lo hayan reclamado en Murcia, pero no lo hayan hecho cuando en Andalucía José Antonio Griñán cedía el testigo a Susana Díaz sin convocar elecciones anticipadas

El debate sucesorio en torno a quién será la persona que finalmente ocupe el puesto de Valcárcel tras su renuncia a seguir gobernando la Región ha copado las principales páginas de los diarios regionales y horas de debates radiofónicos. 

Los giros argumentales que poco a poco se han ido desvelando, más propios de telenovelas, desde la renuncia de Bernal, la imputación de Pedro Antonio Sánchez, el disputado voto de los pedáneos en beneficio de Juan Carlos Ruiz, hasta acabar con la designación improvisada de Alberto Garre han tenido más protagonismo que la propia realidad regional.

 Al Partido Popular le ha venido muy bien esta cuestión para tapar esa realidad, que es mucho menos agradable que desvelar el misterio de quién será finalmente el que se haga con la presidencia. La Región presenta datos demoledores con un paro de muy larga duración que ronda el 40% mientras que el nacional es del 21%, una caída del PIB del 11,8% desde 2008, cinco puntos más que la caída nacional, y unos déficits acumulados a día de hoy que alcanzan los 4.579 millones de euros.

Otros desalentadores datos son la destrucción de empresas, con 13,5% menos en el periodo 2008-2013, unadeflación mensual del 1,7% que revela la debilidad de la demanda regional, o el desastre que afecta a laproducción industrial, con una caída del 42,3% desde enero de 2008, doce puntos más que la media nacional. O ser los líderes en el Arco Mediterráneo en la desaparición de empleo hotelero, con una caída desde 2008 del 28%, veinte puntos más intensa que a nivel estatal.

Todo esto se transforma en la triste realidad de que en el periodo 2008-2013 la mitad de los hogares murcianos sufre dificultades para llegar a fin de mes. Estos datos constituyen un auténtico drama y es el verdadero legado de Valcárcel.

La Región se ha hundido porque no ha dispuesto de los cimientos necesarios para hacer frente a una crisis de proporciones mundiales, sin duda, pero que nos ha afectado con mucha mayor virulencia por la ausencia total de unos mimbres necesarios que nos sostuvieran. Valcárcel no ha sabido construir durante sus dieciocho años de mandato un esqueleto sólido sobre el que sostenernos.

Esta es realmente la herencia que nos deja un presidente ausente desde hace muchos meses, que más que almirante al frente de la Armada, se asemeja más al capitán del Costa Concordia, abandonando el barco antes de que naufrague del todo. Esta es la realidad.

Cuando UPyD sea la clave

Artículo publicado en La Verdad de Murcia, el 19 de diciembre de 2013

«Cuando UPyD sea la clave» 

 

Ahora que estamos en el ecuador de la legislatura, y que se avecinan unas nuevas elecciones, esta vez europeas, surge de nuevo una pregunta recurrente que se formula a la práctica totalidad de personas que formamos Unión Progreso y Democracia: ¿Qué haréis si sois decisivos a la hora de formar un gobierno, o qué vais a hacer si vuestros votos son decisivos para elegir un alcalde o al presidente de la Comunidad Autónoma tras las elecciones de 2015?.

Y la respuesta es muy fácil, ya que es la misma que tras los resultado electorales de 2011. UPyD puso encima de la mesa una serie de condiciones muy concretas, entre las cuales estaban la reforma de la Ley Electoral o la devolución de las competencias en Educación y Sanidad al Estado, por ejemplo.

Y no por capricho. Pensamos que son principios básicos de igualdad entre todos los españoles y necesarios para comenzar la tan necesaria regeneración democrática en España, dado que existe una evidente desigualdad tanto en el voto como en las prestaciones, derechos y obligaciones que reciben los españoles en función de los territorios donde vivan o de la Ley Electoral que se aplique.

El ejemplo más gráfico sería Asturias. Allí presentamos un documento concreto de veintidós puntos a las diferentes fuerzas políticas, siendo el PSOE el único que se sentó a discutir este acuerdo de legislatura, comprometiéndose por escrito, entre otras cosas, a la reforma de la Ley Electoral, a estudiar la fusión de municipios y una comisión para aclarar las circunstancias del ‘Caso Marea’.

El incumplimiento posterior de dicho acuerdo por el PSOE es algo de lo que UPyD toma nota no ya en Murcia, sino en todo el Estado, ya que ese precedente va a condicionar cualquier acuerdo futuro. No sale gratis firmar compromisos y después no cumplirlos.

Y como no podía ser menos, esa misma exigencia empezamos a aplicarla por nosotros mismos. Los cargos públicos de nuestra formación que incumplieron los compromisos que habíamos adquirido en campaña electoral con los ciudadanos, fueron directamente expulsados al día siguiente de las elecciones, porque nosotros cumplimos lo que prometemos, hacemos lo que decimos.

Y así ocurrirá en la Región de Murcia, cuando UPyD sea clave dentro de dos años en muchos municipios y en la Asamblea Regional. La reforma electoral, la transparencia, la regeneración democrática, la necesaria fusión de municipios, estarán sobre la mesa, y no miraremos el color ni las siglas de los partidos que decidan sentarse y estudiar este documento. 

Quien se comprometa a llevar a cabo estas reformas políticas serias y de calado que la Región necesita con urgencia, podrá contar con nuestro apoyo. Porque UPyD nace para cambiar la forma de hacer política, no para negociar sillones ni cargos.

El ciudadano debe saber que si decide dar su voto a Unión Progreso y Democracia, va a otorgarlo a una formación que hace lo que dice.

 

Rubén Juan Serna es el portavoz de UPyD en el Ayuntamiento de Murcia