SOBRE LOS SÍMBOLOS

banderas

A menudo se confunde el término “alegoría” con el de “símbolo”, aún siendo conceptos opuestos. Básicamente  (y es mucho sintetizar) la alegoría es una representación a través de elementos reales (principalmente humanos o animales) de una abstracción, mientras que el símbolo es una representación abstracta de algo real. Basta con recordar el cuadro de Delacroix La libertad guiando al pueblo para entender el significado de alegoría, mientras que para entender el significado de símbolo basta con una cruz.

El ser humano, en su afán de hacer real lo abstracto, y viceversa, ha desarrollado a lo largo de la historia una constante profusión de dichos elementos simbólicos. El arte está lleno de ellos. Las controversia iconoclasta es un ejemplo de cómo el hombre (y mujer) ha debatido desde tiempos remotos la conveniencia o no de utilizar iconos (imágenes) para representar conceptos. El arte religioso es un permanente bombardeo de imágenes simbólicas, desde los primitivos peces de los primeros cristianos, el alfa y la omega, pasando por los evangelios en piedra del medievo, hasta las complejísimas composiciones barrocas.

Pero al margen de estos símbolos y alegorías de carácter religioso hay otros de carácter civil o social: la celebre alegoría de la justicia: mujer con la cara vendada, o incluso la curiosa alegoría de Murcia presente en la fachada del Palacio del Almudí: una mujer amamantando a dos niños, uno suyo y otro ajeno, representando a Murcia,  que es igualmente generosa con el nativo que con el foráneo que la visita. Y si hay por encima de cualquier otro símbolo uno que represente tantos valores y tanta realidad palpable bajo una abstracción es la combinación de colores dentro de un rectángulo: las banderas.

Y entrando de lleno en el tema que me ocupa, que es el del respeto (o no) a las banderas y demás símbolos, tengo que mencionar la reciente polémica surgida en torno a los silbidos y protestas que se produjo en el estadio de Mestalla durante la última final de la Copa del Rey de fútbol. En este caso, y siempre bajo mi insignificante opinión, se insultó, se agredió y se atacó a unos símbolos (bandera e himno) que representan valores, ideas, personas, y sobre todo, y para mí lo más importante, lo que a cada uno personalmente le parezca. Lo verdaderamente honesto en esto del respeto a los símbolos no está en que te ofenda algo que le hagan a tus símbolos propios, sino en comprender, en un ejercicio de empatía, que los símbolos merecen el respeto que merecen las personas a las que ese símbolo representa. Me explico… a mi la bandera española “no me pone” excesivamente, pero mientras haya gente a la que sí “le ponga”, merece ese respeto. Poco podemos esperar de representantes políticos que se burlan de símbolos como la corona de espinas. A mí no me ofende el uso descuidado de la corona espinosa, pero sí me jode por el hecho de que hay gente para la que esa corona representa conceptos e ideas respetables, aunque a mí, como ya he insinuado, ni me van ni me vienen.

Lo honesto, como digo, es defender los símbolos ajenos, más allá de los propios, pero esperar eso hoy en día de quiénes sólo piensan en defender sus privilegios e intereses por encima de los de todo un Estado es sencillamente absurdo.