El cambio de paradigma y las Fiestas de Primavera

Acabadas las Fiestas de Primavera, y celebrado nuestro primer Bando de la Huerta de Interés Turístico Internacional, y tras las felicitaciones correspondientes a los responsables de su organización por su gran trabajo, toca el momento de reflexionar de cara al próximo año, teniendo en cuenta que ahora nuestro municipio cuenta con tres eventos de esa categoría en apenas una semana. Todo un lujo, toda una responsabilidad, y sobre todo, un enorme reto para los organizadores, los responsables políticos, y la propia ciudadanía.

Repasando las fiestas nacionales no religiosas que cuentan con tal categorización descubrimos que sólo la Feria de Abril sevillana, y las Fallas valencianas, se celebran en ciudades que superan a Murcia en población. Sin embargo otras muchas como Cádiz o Tenerife con sus Carnavales, Pamplona con San Fermín, o Alcoy y sus Moros y Cristianos, son, por desgracia para nosotros, tanto o más conocidas que las nuestras.

Asumido que el turismo debe constituir un motor fundamental para la recuperación económica de nuestra Región, es hacia su mejora y promoción en donde tenemos que poner nuestro mayor empeño, y dado que la coyuntura y perspectivas han cambiado radicalmente, y para mal, también debe variar nuestra disposición a la imaginación y la inventiva. Sin embargo, en lo que a fiestas populares se refiere, parece complicado sustituir cierto inmovilismo en la organización y concepción de eventos, que año tras año repiten, salvo contados elementos que no varían su configuración, un similar modelo en forma y fondo.

No considero atrevido, por tanto, dejar a un lado prejuicios y mirar hacia el futuro con ambición, con el objetivo de ofrecer al turista unas fiestas únicas, que preservan la tradición, impregnadas de nuestro carácter local, pero modernas y adaptadas. Es legítimo mantener cierto orgullo localista, pero es preciso abrir. Es conveniente, y necesario, reconocer a las Agrupaciones correspondientes el trabajo y sacrificio desarrollado, pero también acompañarlas hacia el crecimiento y la evolución.

Y para ello quizá sea adecuado poner aún mayor cuidado en la imagen que se ofrece al exterior, esforzándonos aún más y planteándonos atrevidas preguntas como: ¿Es posible cambiar el día de celebración del Bando y estructurar la semana grande de otro modo, creando un producto turístico más atractivo (y por tanto recibiendo más visitantes)?; ¿Se puede hacer más partícipe al visitante, no dejando a éste como mero espectador de cómo otros celebran una fiesta privada?; ¿Puede abrirse el Entierro a la participación de mujeres?…

Nada malo hay, piensa un servidor, en abrir la imaginación y mejorar aún más nuestros festejos para conseguir hacer de ellos eventos de carácter verdaderamente internacional, y de este cachito de cielo (como dice el bolero) que es Murcia, un referente que nos haga sentir aún más orgullosos de lo que ya todos estamos.

En definitiva, el cambio de paradigma consistiría básicamente en cambiar un modelo de festejos dirigido a consumo interno, por otro dirigido al exterior, que sin duda alguna contribuiría a mejorar y en definitiva, crecer en todos los aspectos.