¡Que no salgan en la foto!

La semana pasada asistí, invitado por el Alcalde de Murcia, a la inauguración de la exposición sobre Rodin que se celebra en Murcia. Una espectacular muestra de esculturas en bronce del artista francés, que podemos disfrutar en la plaza de Santo Domingo de Murcia.

Al día siguiente el diario La Verdad publicaba (aquí) una galería de fotos del evento, que contó con la presencia del Presidente de la CARM, Ramón Luis Valcárcel. En una de las fotos, en concreto la más importante, tras la retirada de la “funda” que envolvía la más célebre obra, “el pensador”, aparecíamos diferentes personajes:

Junto a mí, en la parte derecha de la foto, se encuentra Andrea Garries, compañera de Corporación y Concejala del Partido Socialista. Ese mismo día el Ayuntamiento de Murcia colgaba en su web (aquí) esta otra foto:

Juzguen ustedes mismos…

¡Chin pon!

“¡Chin pon!”

Este es, a tenor del recorte efectuado al presupuesto del 2012, el colofón musical que la Comunidad Autónoma pretende conseguir con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, un pilar básico de la cultura murciana. Un “¡Chin pon!” y poco más. Aunque se venda de color de rosa, lo cierto que es la reducción presupuestaria, sumada al existente ERE, pone en serias dudas la viabilidad de una Orquesta que aporta prestigio a nuestra Región.

Hoy he asistido al concierto que ha servido de protesta frente a la Consejería de Cultura y Turismo, y que la OSRM ha ofrecido deleitando al público presente. Aunque con frío, y con los dedos ateridos, los músicos han querido efectuar un acto de reivindicación de la propia música, no de ellos mismos. Tras el concierto he tenido el gusto de saludar a diferentes miembros de la orquesta, tuiteros en su mayor parte, y estupendos músicos, murcianos, profesionales, que ven como el camino se les presenta plagado de dificultades, al tiempo que en caminos diferentes festivales como el SOS siguen a velocidad de crucero y precedidos de pólvora de rey. Una pena. Un crimen.

 

NO HAY MAZÓN QUE POR BIEN NO VENGA

Resulta que anda media Murcia revolucionada con la petición del abogado José Luís Mazón de retirar el Cristo que corona el cerro de Monteagudo. El abogado argumenta que “el Cristo es un intruso”, algo que según él, atenta contra los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, y basa su demanda en una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, que versaba sobre la presencia de crucifijos en colegios públicos.

Desde el año 2004 el “Sitio histórico Monteagudo-Cabezo de Torres” es Bien de Interés Cultural, por lo tanto el Cristo goza de la protección de todo el enclave. De esta forma la petición del abogado se torna inviable. Como inviable sería pedir a estas alturas la declaración de Bien de Interés Cultural de la figura religiosa, puesto que ya se encuentra protegida. Ya ha sido aclarado por parte de las autoridades competentes este asunto. Y aún así el Ayuntamiento inició (patinando) el proceso.

Como era de esperar, los vecinos de la pedanía, amén de otros feligreses de la comarca, han salido a la calle clamando al cielo por la blasfemia que ha propuesto el célebre letrado. El pasado día 13 se manifestaron frente al Ayuntamiento de Murcia unas mil personas, entre ellas (según el diario La Verdad) ondeaba alguna bandera ultraderechista, y se escucharon gritos como: “Murcia es cristiana, nunca musulmana”. A esa manifestación se sumó el Alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara Botía.

Lo preocupante del asunto es que el Alcalde, lejos de transmitir tranquilidad y sosiego a las masas devotas, se ha manifestado además en su propia web personal al grito de: “¡Salvemos el Cristo de Monteagudo!” (sic), y asumiendo, él y su equipo de gobierno del Ayuntamiento, el papel de adalides del catolicismo, las viejas y buenas costumbres, y el fervor popular. O bien desconoce el carácter legal del monumento o hace un uso no muy ético de la polémica.

Si a todo esto le sumamos que en las últimas semanas las noticias relacionadas con el Cristo del cerro eclipsan a todas aquellas con las que comparten portada (incluso aquellas que hablan de que sólo 1 de cada 10 murcianos tiene muchas posibilidades de salir del desempleo), que se responsabiliza (con razón) al Gobierno Central del deterioro del Castillo, y todo lo que ha llovido (en todos los sentidos) con el yacimiento de San Esteban; o bien empezamos a pensar que las casualidades existen, o que a alguien le conviene tener que salvar elementos que son a la vez, de cierto valor artístico, cristianos (no islámicos) y queridos ampliamente por la población. Y es que en este caso, evidentemente, no hay Mazón que por bien no venga.

CRISIS DE VALORES CULTURALES

biblioteca

El concepto de cultura está en crisis en la Región de Murcia. Está en crisis su esencia, su uso y su difusión. En tiempos en los que el fracaso escolar impera en las aulas (ya parece un tópico, desgraciadamente) y en momentos en los que la “cultura general” ya no es general, nuestra Consejería de Cultura y Turismo se dedica a desarrollar, entre buenos proyectos, otros más discutibles. Y entre presupuestos millonarios (S.O.S., MTv Murcia Night, No Typical, etc.) destaca una decisión de recorte que clama al cielo: La Biblioteca Regional cierra sus puertas las tardes y fines de semana de buena parte del verano.

Resulta desalentador pasear por los paseos de las playas murcianas y encontrarse con el Bibliobus, esa especie de camión convertible en tómbola. Lo desalentador no es verlo, pero sí lo es verlo vacío. Frente a él, a pocos metros, los niños construyen castillos de arena y juegan con las olas, mientras algunos padres leen el Marca (y miran de soslayo a las vecinas de sombrilla) y algunas madres buscan coger al sol ese “moreno” que las haga aún más guapas.

Ese mismo día de playa, en Murcia, hay opositores a los que su memoria selectiva y amor propio permiten estudiar sin estar lamentándose por no veranear, y chavales que quieren terminar de leer ese tomo de Harry Potter que dejaron a medio la mañana anterior. Algunos solitarios, de esos de pantalones de tergal, intentan indagar sobre el pasado del pueblo que los vió nacer más de medio siglo atrás, y jovenes universitarios machacan esa maldita asignatura que suspendieron en junio. Todos ellos, con esa necesidad vital (o capricho, vaya usted a saber), se encuentran con que un lugar público, elemento difusor de la cultura, en una ciudad que se las da de gran capital (y lo es) con sus tranvías, rascacielos y festivales musicales de público masivo (pero de reducido target), está cerrado a cal y canto. Cerrado porque sí. A mí no me interesa que me expliquen los motivos, la causística, que diría aquel. Sólo me interesa que está cerrado. Inadmisible.