En todas partes cuecen habas, pero no se cuecen igual

Recientemente el eurodiputado de UPyD, Francisco Sosa Wagner, realizó unas declaraciones en un tono correcto acerca de un manido debate, ya histórico, en relación a UPyD: la posible confluencia electoral y orgánica con el partido catalán Ciudadanos. Junto a esta referencia, Sosa señalaba la existencia de ciertas prácticas autoritarias dentro de la formación, sin especificar alguna. Sumándose a sus reflexiones, han surgido desde respetables y bienintencionados afiliados magentas y cargos públicos (con los que no estoy de acuerdo, pero a los que respeto), o tertulianos y columnistas, hasta frikis varios y buscavidas políticos. Pasando, por supuesto, por pescadores de los de río revuelto, a la búsqueda de carnaza que utilizar para sus libelos. 

Pero dejando a un lado el interesante debate de alianzas electorales del que existen diferentes posiciones, aunque en el reciente II Congreso de UPyD se acordara de forma mayoritaria no realizar coaliciones ni fusiones con otras formaciones, lo que más sorprende de las declaraciones del europarlamentario son las acusaciones y falsedades que ha ido soltando estos días con su aire de excéntrico gentleman, y que vienen a cuestionar su aspecto de inequívoca credibilidad, pues sencillamente no son verdad. Empecemos por el autoritarismo que denuncia, por cierto sin mencionar ejemplo alguno, y que choca de manera directa con el hecho de que él mismo haya “ido por libre” en votaciones clave sin haber sido recriminado, o el hecho de que haya realizado estas declaraciones a través de un medio de comunicación, y no en el órgano interno adecuado, que es el Consejo Político, y del que somos compañeros y en el que nunca le he oído nada en este sentido y ni siquiera mencionar la palabra Ciudadanos. Esto, junto a las acusaciones no demostradas, el frenético despliegue mediático de sus reflexiones (y no de su trabajo parlamentario), y el incondicional apoyo recibido por muchos que lo criticaban hasta ayer, pone de manifiesto la OPA hostil que UPyD está recibiendo estos días, y que alcanza niveles esperpénticos con la incorporación al debate de Alejo Vidal Quadras, que desde el partido VOX estaría dispuesto a sumar “sus 200.000 votos”, como si fueran suyos, en claro desprecio a sus votantes, a su partido, y a la inteligencia de cualquiera. Otra de las falsedades más graves lanzadas por Sosa ha sido afirmar que en la mitad de las Comunidades Autónomas el partido cuenta con gestoras, cuando esto sólo ocurre en una de ellas, Murcia, y por motivos debidamente razonados en poder de todos los afiliados de esta Comunidad Autónoma.

No hay duda de que en muchas ocasiones para insultar no hacen falta palabras malsonantes, sino que en determinados contextos, los silencios, las insinuaciones, o las simples intenciones, constituyen graves ofensas e insultos, pese a que puedan venir disfrazadas de monjita o de Lord inglés.  

En otras formaciones políticas se suele tapar con biombos y el intercambio de cromos este tipo de ‘conflictos’, y el debate acaba con decisiones emanadas de la dirección. En este caso, Rosa Díez, en virtud a la competencia que le confieren los estatutos aprobados por todos, ha convocado una sesión del Consejo Político, que es el órgano adecuado para el intercambio de ideas dentro el partido, aunque algunos prefieran las páginas de El Mundo o las redes sociales para debatir y decidir la cuestión de las posibles alianzas electorales.

El nacimiento de UPyD, como fuerza política revolucionaria e inequívocamente institucional, supuso, y aún supone, un polo de atracción para muchas personas de diferente naturaleza y condición. La novedad de su aparición en un mundo, el político, poco dado al surgimiento de proyectos nacionales de cierta relevancia, supuso el empuje necesario para que mucha gente decidiera su afiliación con objetivos diferentes, desde el ingenuo, pero sano, y utópico deseo de cambiar el mundo, al realista objetivo de condicionar las políticas y mejorar el país o el entorno, hasta razones mezquinas y siniestras, que incluyen desde los intereses puramente personales, las maniobras cercanas al espionaje, o la simple curiosidad. La juventud del partido y su transversalidad, pese a ser dos evidentes virtudes, también permiten que personas de ideas muy distintas, e incluso enfrentadas, convivan en una formación que aún no había definido, hasta la celebración de su I y II Congreso, precisamente esas cuestiones. De ahí que la creación del corpus ideológico haya supuesto un fortalecimiento del partido al tiempo que puede acarrear en ocasiones la pérdida de afiliados que discrepan con cuestiones fundamentales, o por verlo desde un punto de vista más sencillo: algunos no encuentran lo que esperaban y se van, al tiempo que afianza la afiliación de otros muchos, y atrae a nuevos solicitantes. 

Estas cuestiones, lejos de ser inconvenientes para el crecimiento, son importantes filtros naturales que van diseñando y moldeando el partido que se quiere ser, a través de la celebración de congresos, la aprobación de programas electorales, y el trabajo legislativo realizado en las instituciones. Esto, y no otra cosa, es lo que bajo mi punto de vista explica la evolución de afiliados de UPyD, con importante crecimiento en sus primeros años, pasando a un crecimiento mucho más lento y sosegado en sus años posteriores. Por eso, a partir de la madurez alcanzada a través del segundo Congreso de noviembre de 2013 no tienen por qué alarmar las fluctuaciones de afiliación, o incluso su estancamiento, pues responden a otros parámetros diferentes a los votos, o a las ventas de una empresa. Los sarampiones y demás son enfermedades habituales en organismos jóvenes, que lejos de enfermar crónicamente, se ven fortalecidos tras las gripes infantiles. 

La creación del partido y su funcionamiento abierto y participativo ha permitido la entrada de personas, como antes decía, de diferente naturaleza y condición. Morenos y rubios, altos y bajos, carnívoros y vegetarianos, etc., o por entrar en cuestiones más subjetivas, buenos y malos, listos y tontos, o eficientes y haraganes. Negar esto sería tan ingenuo como pensar que en las mejores Universidades del mundo no hay malos estudiantes, o que en los mejores ejércitos no hay soldados cobardes. Por cierto, que esa actitud hipócrita es la que ha llevado a la Iglesia Católica a perder credibilidad, tras negar continuadamente la existencia de casos de pederastia, aunque se haya tratado de enmendar y con acierto posteriormente. Las excepciones no deben, desde luego, manchar a la mayoría de una organización pero en ocasiones es complicado evitar que condicione la imagen proyectada.

En todos los partidos existen potenciales o reales corruptos, y lo que debe juzgarse, más allá de los casos existentes, es la capacidad de las formaciones para evitar la corrupción, y sobre todo, la actitud frente a los casos surgidos. Coincido con Carlos Martínez Gorriarán en que la corrupción política no es únicamente lo susceptible de ser juzgado, sino la mentira para alcanzar objetivos, el incumplimiento de compromisos con la ciudadanía, o la manipulación. Y en eso, nuestra formación, se ha mostrado implacable, y sin titubeos ha habido expulsiones fulminantes, por ejemplo de concejales, cuando éstos han supuesto un fraude a la sociedad.

Esto supone una clara diferencia frente a otros partidos que encubren a sus imputados, e incluso condenados, y tratan de justificar lo injustificable, cuando no premiándolos con puestos de responsabilidad como efectivo método silenciador. De ahí que, pese a que en todos los sitios cuezan habas, como reza este artículo, no en todos se cocinen ni se sirvan de la misma manera.

Al igual que la entrada en instituciones de personas, a priori honorables, puede suponer desagradables sorpresas, también la gestión orgánica puede sufrir estos casos, y en donde en principio puede esperarse un buen trabajo, puede resultar un auténtico desastre. Esto obliga al partido a actuar, como no puede ser de otro modo, en los casos excepcionales correspondientes, del modo escrupuloso que establezcan los estatutos y con el evidente respeto al ordenamiento jurídico, pero con determinación para la resolución de problemas y conflictos, y que excepcionalmente puede tener importantes consecuencias como las sanciones de carácter disciplinario, la disolución de órganos disfuncionales, o la anulación de un proceso electoral interno, como ha ocurrido en Murcia, clara excepción entre los casi 400 procesos de elección interna realizados hasta el momento. Lejos de interpretar estas acciones como reacciones eficaces y honestas, la prensa y los adversarios suelen aderezar estos hechos con tintes apocalípticos que se traduzcan en crisis internas irresolubles, o autoritarismos dictatoriales, cuando en realidad lo importante no está solo en lo que ocurre, sino en qué motivó esas decisiones y cómo se actúa frente a ellas desde la legalidad y la honradez. 

Es humano plantearse la conveniencia política, desde el punto de vista puramente estratégico y electoral, de actuar o no en casos como los citados, en los que las decisiones tienen difíciles consecuencias mediáticas, pero en los que la inacción constituye un auténtico fraude hacia los ciudadanos. De ahí que, volviendo a mi reflexión anterior, no actuar constituiría, esto sí, un claro ejemplo de cobardía, pero sobre todo, de corrupción política.

Por tanto, renunciar a la puesta en marcha de mecanismos internos que corrijan y arreglen la situación, mirando para otro lado, sería un ejercicio de hipocresía y de cinismo al que no estamos dispuestos a llegar ni yo ni la mayoría de afiliados y simpatizantes, cargos públicos y orgánicos, y por tanto, lejos de callar o esconder bajo la alfombra magenta la mierda, y continuar como si no pasara nada, es necesario en ocasiones sacar el carrito de limpieza o la caja de herramientas, y tratar de corregir, en el menor tiempo posible, la incidencia existente, con el objetivo de que continuemos siendo un medio eficaz, y no un fin, para el bienestar y el progreso de la sociedad, pese a que eso suponga la inevitable aparición de titulares periodísticos dañinos. 

Al hilo de esto, acerca de ser un medio, y no un fin, se entiende perfectamente la decisión de UPyD de no concurrir a las elecciones municipales en el mayor número de municipios posibles, sino en aquellos sitios en los que el trabajo realizado atesora una solvencia política beneficiosa para la sociedad. Está claro que el resultado obtenido en las elecciones europeas y los sondeos existentes, apuntan a que de presentar UPyD candidaturas de forma indiscriminada obtendría, posiblemente, miles de concejales en toda España. Pero esto sería una forma de entender los votos y el partido como un fin, y no como un medio, tal y como otras formaciones, a las que se nos quieren emparentar sin pedirnos permiso, hacen sin reparos a lo largo de todo el país.

Si el partido decidiera callar ante un mal funcionamiento en órganos territoriales, presentar listas con objeto de sumar subvenciones, pactar con formaciones de distinto proyecto político, o permitir difamaciones entre compañeros, no solamente se incurriría en graves irresponsabilidades, sino que este partido, sencillamente, dejaría de ser UPyD. Y esto, continuar siendo la herramienta para lo que nació este partido, o dejar de serlo, es lo que está en juego en estos convulsos días. 

La gobernabilidad sobre la voluntad ciudadana

Los resultados de las elecciones europeas han dispuesto un escenario en el horizonte del 2015 bastante diferente al actual. En la ciudad de Murcia la pérdida de votos ‘populares’ y el crecimiento de otras formaciones puede generar una corporación municipal muy distinta. En los últimos 20 años el Partido Popular ha ganado con mayoría absoluta cada una de las citas electorales, y el Partido Socialista ha ido menguando sus resultados hasta cotas mínimas. Hace tan sólo 7 años, la Corporación capitalina contaba únicamente con ediles socialistas y populares, mientras que ahora, ya con la presencia de UPyD e IU, sumado a la posible entrada de otras fuerzas, ‘atomizaría’ el Salón de Plenos a partir de 2015.

Con respecto a estos escenarios de múltiples colores políticos en instituciones, hay quien da la voz de alarma y siempre saca el famoso dóberman de la ‘ingobernabilidad’, apelando a las supuestas dificultades para gestionar la vida política con la existencia de distintas voces, aparcando y dejando en un segundo plano la proporcionalidad y el principio de que el voto debe reflejar la voluntad de los ciudadanos. La experiencia como concejal en el Ayuntamiento murciano me empuja a pensar que no sólo no es complicado alcanzar posiciones de consenso y de mínimos, sino que además es lo aconsejable, llegando a acuerdos desde sosegados debates con trabajo de fondo, a través de la discusión y el intercambio de opiniones. No han sido pocas las veces que ediles de las cuatro formaciones que actualmente cuentan con presencia en La Glorieta hemos llegado a acuerdos importantes juntos a pesar de las diferencias de carácter ideológico existentes que, por otro lado, poco tienen que ver con la gestión municipal.

Por tanto, poco temor hay que tenerle a que tengan que ser varios los que decidan, en lugar de uno solo. De hecho, la experiencia de estos 19 años de mayoría absoluta nos deja ejemplos de descoordinación y de problemas internos en el equipo de Gobierno que demuestran que un único color en el Gobierno no tiene que ser sinónimo de eficacia. Es un hecho que hay un alejamiento creciente entre partidos políticos e instituciones por un lado y los ciudadanos por otro, y el objetivo debería ser fortalecer la democracia y hacerla mucho más viva, incentivando la participación con verdaderas medidas de regeneración democrática.

La reforma de elección directa de alcaldes propuesta por el Partido Popular pretende, no solamente apuntalar la hegemonía municipal del PP, sino acabar con la sana posibilidad de acuerdos a varias bandas que redundan en el beneficio de la ciudadanía. Se pretende criminalizar a las coaliciones y acuerdos como si fueran caldo de cultivo para la corrupción, cuando lo cierto es que, al igual que en la mancomunación de firmas, la necesidad de que haya varias partes para tomar decisiones puede ser una garantía de legalidad.

Por tanto, es preciso hacer buena pedagogía sobre este asunto y desmontar las falacias que dirigentes populares vierten sobre esta cuestión, llenándoseles la boca de regeneración democrática, al tiempo que encubren a sus corruptos, justifican sus tropelías, se perpetúan en los cargos, y desprecian propuestas electorales conducentes a esa mayor proporcionalidad, sustituyendo éstas por otras más cercanas a actitudes caciquiles que a una auténtica regeneración democrática.

Sobre Sosa Wagner y Ciudadanos

Esto respondía Francisco Sosa Wagner el 23 de mayo de 2014 a la pregunta del periodista de Onda Regional de Murcia, Luis Alcázar, acerca de por qué UPyD no acudía junto a Ciudadanos en las elecciones europeas que se celebrarían dos días después. La respuesta no deja lugar a dudas, juzguen ustedes. (Aquí el audio), y aquí el vídeo (aunque sólo un fragmento, el audio anterior sí es completo), a partir del minuto 3:44.

 

Si usted lee los programas de los partidos políticos coincidencias con otros partidos hay con todos, ¿no?, pero esto es como si me dice que por esa razón las emisoras de radio que tengan coincidencias entre ellas tienen que cerrar. Pues no… Pero si le digo una cosa, esas coincidencias son más aparentes que reales, mire, nosotros por ejemplo estamos defendiendo que la Educación y la Sanidad pasen a ser competencia del Estado. Segunda cosa, UPyD es un partido que nace efectivamente hace poco tiempo, es un partido joven, con la bandera de luchar contra los excesos de los nacionalismos, contra los excesos de las CCAA, esa es la razón, digamos. Pero en estos años UPyD ha elaborado un cuerpo político doctrinal de respuesta a todos los problemas políticos, porque una formación no puede quedarse en responder a uno solo de los problemas. Hay que responder a los problemas de la fractura de las rocas, de Sanidad, medioambientales, educativos, etc. Hoy UPyD tiene un cuerpo de contestación a todo eso que es el fruto de dos Congresos, yo presidí el último de noviembre, y hacer congresos en los partidos no es una tontería, hay que definir posturas, y esa definición de posturas trae consigo desgarros y problemas internos muy serios, pero tiene la ventaja de la cualificación, al final se ofrece a la ciudadanía un cuerpo doctrinal y político cerrado, que unos comparten y otros no, por tanto esas diferencias hay que recalcarlas con respecto a otras formaciones políticas. Por lo demás la experiencia en España de una relación estable, matrimonial, entre un partido nacional y otro de ámbito regional, no es buena. Ahí tenemos al PSOE y al PSC, que es un testimonio claro de lo que estoy diciendo.

 

Es verdad, dice usted, que se pueden conseguir más votos o tal, pero eso es a cambio de confundir el mensaje, y yo creo que lo último que se debe hacer en un proceso electoral es confundir el mensaje. Nosotros nos parecemos, con nuestro mensaje, y quien nos vota bien, y quien no nos vota tan amigos

 

UPyD, el corredor de fondo

El atleta de fondo, sea cual sea la especialidad a la que dedique sus esfuerzos, tiene como base de su éxito el entrenamiento, basado éste en la constancia, y deja poco espacio a la improvisación y la creatividad ante el público el día de la prueba.

Parte de la rutina del entrenamiento es la ‘simulación’ de carrera, el ‘límite’ a partir del cual se fracasa, pero desde el que se triunfa si se respetan las líneas que no se deben sobrepasar. Si el atleta de fondo tiene su límite y objetivo en recorrer una determinada distancia en un determinado tiempo no podrá, el día de la carrera, dejarse llevar por otras motivaciones diferentes a la repetición de sus ritmos y tiempos de paso estudiados, consciente de que apretar en algún kilómetro por encima de lo previsto supondría, irremisiblemente, el fracaso.

Es obvio que factores psicológicos, ambientales, o puramente circunstanciales marcarán el resultado de la prueba, pero con cierta seguridad el atleta puede prever, antes de salir, el resultado final.

Es por todo esto que el atleta, mientras desarrolla la prueba, sigue una frecuencia cardíaca determinada y que si se cambia, también implicaría una variación de resultado, por lo que el atleta debe centrarse en sus sensaciones, sus objetivos y sus herramientas, dejando de lado la forma de actuar del rival que participa a su lado en la misma carrera.

Por hacerlo gráfico, si el atleta de maratón mantiene su ritmo adecuado debe obviar que otros adversarios le adelanten, o pierdan su estela, pues el resultado dependerá exclusivamente de él, y tratar de perseguir al que le adelanta podría, sencillamente, ser motivo de que abandonara la carrera antes de la meta. Y todo ello por un ácido láctico que el cuerpo es incapaz de soportar, y provoca la fatiga.

Unión Progreso y Democracia es un partido que, como el corredor de fondo, marca su propio ritmo y su propia cadencia, fruto de sus capacidades, no de manera arbitraria, mirando un objetivo al final del camino, y sin permitir que condiciones exteriores determinen su cadencia, aunque éstas puedan influir, evidentemente. Factores externos como el auge de nuevos partidos, con propuestas de imposible realización, o en el peor de los casos con funestas consecuencias, encuestas cocinadas con evidentes intenciones que otorgan excelentes o pésimos resultados a UPyD, o que tal o cuál partido presente, o no presente, candidaturas en no sé qué sitios, no deben hacer que UPyD ‘acelere el paso’, ni que propicie artificiales, e incluso antinaturales, coaliciones.

La forma de crecer, y el ritmo, determinarán el resultado final, y en UPyD siempre hemos tenido claro que no debíamos crecer a costa de cualquier cosa. Presentar candidaturas en lugares en los que no haya un grupo de militantes que atesoren trayectoria y solvencia política sería el paradójico fin de nuestra formación. Es por ello que el partido ya ha anunciado que presentará candidaturas en las municipales de 2015 no en todos los municipios, sino en aquellos en los que se ha realizado un buen trabajo previo, y además se garantice que podemos desarrollar ese buen trabajo en el futuro hacia la ciudadanía, que es para lo que se creó este partido.

Por ello, frente a los que nos exigen que cambiemos hasta nuestra zancada por agentes externos y eventuales, el paso de UPyD debe ser firme y calculado, como sabemos, como debemos, marcando ese preciso ritmo que nos permite avanzar de forma constante, creciendo, expandiéndose, pero sin ‘emocionarse’, no sea que el ácido láctico acabe, por querer ganar un metro más rápido de lo debido, o unos pocos votos más, con el proyecto de fondo que precisa España.

Hace 17 años

Aquel día amenazaba más tormenta
y la tormenta no se hizo de rogar
aunque más de uno creyera en los milagros
el que más y el que menos no sabía qué apostar
porque el tiempo es el tiempo y él decide
cómo, dónde, y cuándo quiere descargar
y a las cuatro cayeron dos rayos segando
de cuajo otro árbol más

Así comienza la canción “Una lluvia violenta y salvaje”, de Revólver, en la que su autor, Carlos Goñi, trata de describir con palabras lo desgarrador que supuso para todo un país conocer aquella tarde de julio de 1997 que el concejal Miguel Ángel Blanco, secuestrado dos días atrás, acababa de fallecer víctima de dos disparos cerca de Lasarte, a manos de los inhumanos verdugos de ETA.

Hoy se cumplen 17 años, y en multitud de municipios de España se celebran actos en recuerdo del edil popular de Ermua cuya figura y muerte, paradójicamente, constituyó un punto de inflexión para gran parte de la sociedad, que salió a las calles, no sólo del País Vasco sino de toda España, para protestar pacíficamente frente al totalitarismo terrorista.

Pese a que Blanco fue uno entre más de 800, el sadismo de su ejecución, permitió que una sociedad en gran parte insensible, y en otra gran parte desinteresada, tomara conciencia de que aquello que ocurría principalmente en tierras vascas era un ataque a la democracia y a la ciudadanía sin excusas políticas ni ideológicas, y a la que había que hacer frente mirando a la cara a los terroristas, y no escondiendo la cabeza bajo el ala. Por aquel entonces Carlos Martínez Gorriarán, de Basta Ya, se preguntaba si los vascos que nunca se manifestaban en contra de la banda terrorista podían creer que alguien les regalaría la libertad.

Hoy, 17 años después, los que vivimos aquel suceso, incluso aquellos que lo fue por pura cronología, tenemos la obligación de recordarlo en homenaje a todos aquellos que se han dejado la vida (o parte de ella) defendiendo la libertad y la dignidad de todos. Y sobre todo tenemos el deber de hacer comprender a aquellos más jóvenes que no lo vivieron las consecuencias del fanatismo y el terror.

Sobre el proceso de segregación de El Palmar

Hace pocos días, en el Pleno del Ayuntamiento de Murcia, se debatió la denegación de apertura de expediente de segregación de la pedanía de El Palmar, en Murcia. El motivo de la denegación es la no concurrencia de los requisitos previos para abrir expediente de segregación, los cuales son, entre otros, que si la segregación es parcial, ésta puede ser promovida por la mayoría de los vecinos de la parte que vaya a segregarse. Para ello es necesario que se acredite, mediante la presentación de firmas avalistas, cumplir esa mitad más uno, y la autoridad que certifica la validez de las firmas y acredita el cumplimiento del requisito es el Secretario del Ayuntamiento correspondiente. En este caso concreto es Antonio Marín Pérez, quién tras un proceso de verificación ha determinado mediante certificación que las firmas presentadas por la asociación Pro-Ayuntamiento de El Palmar no suman el número necesario para abrir el expediente. 
 
Esta respuesta choca frontalmente con las esperanzas y reivindicaciones de muchos vecinos de una pedanía de 23 000 habitantes, cuyos vecinos exigen más atención municipal y mejora de sus servicios. La  Asociación Pro Ayuntamiento de El Palmar se queja de que el proceso de verificación de firmas ha sido manifiéstamente irregular, pues se han rechazado, supuestamente, firmas válidas argumentando que eran duplicadas, ilegibles, o incluso de personas fallecidas. Esta situación, de ser así, debe ser denunciada y llevada ante quien corresponda, pues si se hubiera producido una certificación manipulada, estaríamos hablando de una intolerable prevaricación. Pero la realidad actual nos indica que ese no es el caso, pues la figura del Secretario, fedatario de la legalidad, emite una certificación oficial que debe condicionar el voto de los grupos municipales en esa denegación de apertura de expediente. 
 
Por ello, y sin atender a otras acusaciones no demostradas, mi voto y el de mi compañero José Antonio Sotomayor fue favorable a esa denegación atendiendo a la no concurrencia de los requisitos, como queda acreditada en la certificación correspondiente. Si la Justicia, llegado el caso, anulara dicha certificación, atenderíamos a esa nueva situación, pero nuestra obligación, por responsabilidad y por coherencia, es atender a la documentación que facilita el Secretario, y del que, por cierto, no tenemos por qué dudar en ningún caso. 
 
Que la mayoría del Pleno acate la legalidad y emita un voto responsable parece contrariar a la asociación (pese a que nuestro grupo solicitó que el asunto quedara sobre la mesa hasta aclarar aspectos relativos a las firmas), y provocó comentarios desacertados en relación a nuestra decisión de apoyar la denegación de apertura de expediente, y además, mezclando churras con merinas y tratando de confundir sobre las intenciones o planteamientos políticos del grupo municipal de Unión Progreso y Democracia. Y digo mezclando porque acusar de no querer escuchar al pueblo al único partido que pidió en el Pleno tratar también el asunto de la segregación no sólo administrativamente sino políticamente, parece chocante. Como también lo es que el Partido Socialista vote en contra de denegar la apertura de expediente (y por tanto desprecie la legalidad del certificado del Secretario), y además realice una acérrima defensa de la segregación de El Palmar, pero no lleve ese asunto al Pleno como moción política, algo a lo que invité desde mi escaño al portavoz socialista. 
 
Otra cuestión diferente, y al margen del procedimiento, es la de la conveniencia o no del proceso segregador desde el punto de vista político, o lo que es lo mismo: social, económico, y culturalmente. En ese caso, la postura de nuestro grupo es claramente de oposición (aunque deseamos que se debata en profundidad y donde corresponde) en primer lugar porque la mejora de las condiciones de los vecinos de El Palmar pasa por una mayor atención y mejora de la prestación de servicios que les ofrece el Consistorio, y en segundo lugar porque nuestro país debe encaminarse a un proceso de fusión municipal que permita la reducción de administración y burocracia, y no hacia la multiplicación de las mismas. 
 
En ese sentido nuestro país constituye la excepción en la Europa occidental, donde a lo largo del siglo XX se han producido importantes y en algunos casos radicales procesos de reducción de ayuntamientos y fusión de municipios (que no de pueblos), mientras que España mantiene intacto un mapa municipal decimonónico y con estructura parroquial.
 
El Ayuntamiento de Murcia, como todos los demás, debe atender al evidente desequilibrio entre ciudad y pedanías, con una capital mimada y con fuertes inversiones económicas y políticas, y unas pedanías ‘hermanas pobres’ que en algunos casos imaginan como salvador al proceso segregador. Si esto fuera así, además de ser lo justo, se disiparían legítimas aspiraciones de independencia, no por acatamiento, sino por propio convencimiento. 

Valcárcel, el Mago de Oz

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Los Munchkins eran esos enanitos de Oz que jubilosos recibieron la inesperada llegada de la salvadora Dorothy. Este pueblo confiaba en un misterioso mago que desde su fastuoso palacio imprimía respeto y temor a partes iguales. La realidad de Oz, tras los fuegos de artificio y los efectos de sonido e iluminación, es la de un vulgar mago ambulante que engaña con sus trucos a todo un pueblo y durante un largo periodo, siendo considerado un poderoso mago con sobrenaturales poderes. Como en Oz, en Murcia Valcárcel supo atrincherarse hábilmente tras la cortina – ‘Pay no attention to that man behind the curtain’, dicen en la película – ocultando el fracaso de los trucos, los aeropuertos que no llegan a abrir, las pésimas infraestructuras ferroviarias, los malos indicadores socioeconómicos, los acuerdos en materia hidrológica envenenados, y la ausencia de unos mimbres sobre los que construir la recuperación de esta región.

Pero el verdadero paralelismo se establece en el final de la historia, en el que el ilusionista, subido a su globo despide a los munchkins sin asumir responsabilidad, habiendo sólo reconocido el engaño a unos pocos, mientras el pueblo saluda y jalea al líder que se marcha hacia lejanas tierras con gesto de satisfacción. Los Munchkins lo despiden animosos e ingenuos, mientras que Dorothy, el espantapájaros, el león, y el hombre de hojalata, con semblantes bien distintos a los de la masa, y conocedores del fraude, no aciertan a comprender qué ha pasado realmente.

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