CRISIS DE VALORES CULTURALES

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El concepto de cultura está en crisis en la Región de Murcia. Está en crisis su esencia, su uso y su difusión. En tiempos en los que el fracaso escolar impera en las aulas (ya parece un tópico, desgraciadamente) y en momentos en los que la “cultura general” ya no es general, nuestra Consejería de Cultura y Turismo se dedica a desarrollar, entre buenos proyectos, otros más discutibles. Y entre presupuestos millonarios (S.O.S., MTv Murcia Night, No Typical, etc.) destaca una decisión de recorte que clama al cielo: La Biblioteca Regional cierra sus puertas las tardes y fines de semana de buena parte del verano.

Resulta desalentador pasear por los paseos de las playas murcianas y encontrarse con el Bibliobus, esa especie de camión convertible en tómbola. Lo desalentador no es verlo, pero sí lo es verlo vacío. Frente a él, a pocos metros, los niños construyen castillos de arena y juegan con las olas, mientras algunos padres leen el Marca (y miran de soslayo a las vecinas de sombrilla) y algunas madres buscan coger al sol ese “moreno” que las haga aún más guapas.

Ese mismo día de playa, en Murcia, hay opositores a los que su memoria selectiva y amor propio permiten estudiar sin estar lamentándose por no veranear, y chavales que quieren terminar de leer ese tomo de Harry Potter que dejaron a medio la mañana anterior. Algunos solitarios, de esos de pantalones de tergal, intentan indagar sobre el pasado del pueblo que los vió nacer más de medio siglo atrás, y jovenes universitarios machacan esa maldita asignatura que suspendieron en junio. Todos ellos, con esa necesidad vital (o capricho, vaya usted a saber), se encuentran con que un lugar público, elemento difusor de la cultura, en una ciudad que se las da de gran capital (y lo es) con sus tranvías, rascacielos y festivales musicales de público masivo (pero de reducido target), está cerrado a cal y canto. Cerrado porque sí. A mí no me interesa que me expliquen los motivos, la causística, que diría aquel. Sólo me interesa que está cerrado. Inadmisible.

ALGO HUELE (todavía) A PODRIDO

trajeHoy Mariano Rajoy pisaba al escenario frente a la prensa pletórico de satisfacción. El Tribunal competente en el caso anunciaba que Francisco Camps evitaba verse juzgado y condenado por el tema de los trapitos, mientras que el PP se libraba de dos cosas. Por un lado de contar entre sus filas con un Presidente autonómico condenado, y por el otro  se libraba de la feroz puesta en marcha del aparato mediático anti-popular que hubiera arrancado en el mismo momento de proseguir el proceso. El ataque frontal hubiera sido aún más virulento que el que hemos presenciado estos últimos meses. El Psoe y medios afines se hubieran encontrado con nuevas mechas que prender en sus fuegos artificiales. Ahora todo lo contrario. Rubalcaba, con una sumisión que oculta decepción (imagino), asegura respetar y acatar la decisión judicial.

Relativo. Todo es tan relativo. Ni siquiera los tres magistrados firmantes coinciden en sus apreciaciones. Regalos haylos. “Por supuesto que me pago mis trajes”, decía Camps no hace mucho sin haberlo demostrado. Lo que tampoco queda demostrado es que los trajes fueran regalados por motivo del cargo que desempeña el Presidente. Si yo fuera Presidente y me regalaran trajes (y yo me dejara regalar) sabría perfectamente por qué me los regalan. Imagino que Camps también lo sabrá.

Mientras tanto (y sin saber qué ha pasado), entre el olor del humo que los propagandistas prenden con ramas verdes, y el olor de la tila del PP, yo sólo huelo a podrido.