HEMOS ROTO MOLDES

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Nota de prensa publicada en El Faro de Murcia, el 5-6-09

En esta campaña electoral hemos roto moldes. Hemos roto moldes porque hemos sabido llegar a los ciudadanos con un mensaje claro, rotundo, directo, y todo ello con un lenguaje fácilmente comprensible. Hemos roto moldes porque hemos llevado ese mensaje a la calle, a los mercados, a los jardines, y allí es donde hemos recibido el apoyo de la gente, y donde hemos sentido como nuestro proyecto político es demandado por un amplio sector de la sociedad.

Hemos roto moldes porque, en ausencia de grandes debates televisados, de donde hemos sido excluidos, hemos organizado nuestros propios debates callejeros y nuestros representantes, con Rosa Díez y Francisco Sosa Wagner a la cabeza, han participado en actos a pie de calle donde los anónimos asistentes han formulado las preguntas que nunca se escuchan en mítines y actos de otras formaciones.

Hemos roto moldes porque hemos hablado de Europa, de su futuro, de sus instituciones, y no de rencillas nacionales, como han hecho las otras formaciones. Y hemos roto moldes porque hemos hecho pedagogía política, y el ciudadano ha podido conocer aspectos nuevos de las políticas e instituciones europeas y la importancia de una España fuerte en una Europa unida.

EL GRAN ENGAÑO

Aviones, trajes, ley del aborto, desempleo, espías. De todo menos Europa.

Esperaba, con cierta inocencia, que esta campaña electoral al Parlamento europeo tuviera como argumentos políticos, sólidas propuestas relacionadas con la política común europea, y sin embargo asisto, un tanto desmoralizado, a una campaña centrada en domésticas disputas partidistas. Esto dice muy poco de los mediáticos buques políticos nacionales. A simple vista, las cortas miras de PP y PSOE y sus peleas, aceptadas por ambas formaciones, dejan entrever el verdadero objetivo: que sólo se hable de lo que ellos quieren. Desde el pequeño e-sillón de mi casa descubrí que la mala estrategia de los grandes partidos dejaba en mal lugar a populares y socialistas que se retrataban cada día en prensa, al centrar la campaña en echar mierda unos sobre otros y en devolver golpes, en ausencia de verdaderas propuestas. Pero avanzados los días de la campaña, y mirando con la poca perspectiva con la que se puede mirar, tengo que reconocer mi inocencia y mi ignorancia. El PP y el PSOE, plagados de expertos en marketing e imagen, han diseñado la campaña con gran acierto. Con gran desfachatez, pero de manera brillante. Han conseguido, al menos por el momento, vender el producto.

Me explico… Ellos tienen una cuota de mercado, un montón de millones de votantes a los que ellos mismos consideran imbéciles. Y no sólo imbéciles, los consideran muñecos de trapo, monigotes, espantapájaros andantes, pero con derecho a voto. PP y PSOE prefieren repartir ese saco de votos entre ellos mismos, aunque eso signifique a veces perder, a veces ganar y a veces pactar. Por eso hablan de trajes, y de aviones, y de gripes en los cuarteles, porque con eso aseguras una cosa: o te votan, o votan al otro, pero nada más. Hablar de Europa supone desnudarte, mostrar tus intimidades intelectuales, políticas y morales, pero hablar de lo demás, jugando al despiste,  permite continuar llevando caretas, aunque sean de rojo progre y de facha revenido. No hay peligro… ámame o ama al otro, pero ámanos.

Pero de repente aparece un grupo de señores y señoras, procedentes de todos los rincones de España, que nunca se han sentido espantapájaros, y que no sólo no aman al uno ni al otro, sino que se sienten hastiados y pretenden, románticamente esperanzados, que alguien hable de Europa cuando es Europa, del blanco cuando es blanco y del negro cuando es negro. De repente los titanes del marketing político, los amarrateguis del porcentaje de voto, se dan cuenta de que el gran engaño está a punto de ser descubierto. Están desapareciendo garbanzos de la olla, cromos del álbum, fichas del dominó. Están empezando a comprender que, aunque hasta ahora les haya ido bien, hay un mensaje magenta que les gana en coherencia, en solidez, en inteligencia, en ética, en valentía, en responsabilidad, y también, aunque no lo quieran, en humanidad.