Presentación de mi candidatura en las primarias de UPyD en Murcia

Hola, soy Rubén Juan Serna, actual portavoz de Unión Progreso y Democracia en el Ayuntamiento de Murcia, responsabilidad que he desempeñado durante los últimos tres años y medio.

Licenciado en Historia del Arte y en Periodismo, estoy habilitado como Guía Oficial de Turismo de la Región de Murcia bilingüe (inglés), poseo el Diploma de Estudios Avanzados en Didáctica de las Ciencias Sociales y soy profesor de Secundaria en la especialidad de Geografía e Historia.

Presento mi candidatura a la reelección como cabeza de lista al Ayuntamiento de Murcia, séptimo municipio de España por población, con el objetivo de continuar durante la próxima legislatura el trabajo emprendido en 2011, porque estoy seguro que Unión Progreso y Democracia será decisiva en las próximas elecciones municipales.

Esto es mérito de las propuestas y del trabajo de mi compañero durante este tiempo, José Antonio Sotomayor, y de todos aquellos que habéis
colaborado en mayor o menor medida con las iniciativas y difusión de nuestro grupo.

Sumado a vuestra ayuda, UPyD debe ser capaz de atajar de raíz los problemas que sufre el municipio, que provienen en gran medida de la forma de hacer política del gobierno municipal durante estos últimos 20 años de mayoría absoluta.

En 2015 podéis estar seguros que la pérdida de la mayoría absoluta del Partido Popular a nivel municipal, supondrá un escenario de cambio que no se producía en Murcia desde 1995 y una oportunidad única de regeneración social e institucional.

Esta situación me empuja aún más si cabe a seguir trabajando y preparándome para cumplir con la obligación que vosotros, los afiliados, y por extensión, todos los ciudadanos de Murcia, van a exigirme si cuento con vuestro apoyo para encabezar la lista de nuestro partido, y al conjunto del equipo que esté presente en el Ayuntamiento.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos vosotros para que os suméis a este proyecto clave para llevar a cabo las reformas políticas que necesitan con urgencia tanto el municipio como la Región de Murcia.

La confianza depositada por los ciudadanos en nosotros en las elecciones de 2011 debe servir de base para consolidar y culminar el crecimiento tanto cuantitativo como cualitativo de UPyD. Nacimos para cambiar la forma de hacer política, no para negociar sillones ni cargos, y eso es lo que haré si depositáis vuestra confianza y vuestro voto en mi candidatura.

Murcia precisa ahora de fuerzas políticas y líderes capaces de cambiar la situación desde la coherencia, la honradez y el trabajo. Estas tres virtudes han sido bandera de la labor de UPyD en el Ayuntamiento estos años y deben seguir siéndolo. Como todos sabéis, en UPyD somos lo que hacemos. Hemos conseguido, todos, hacer de UPyD una fuerza respetada y seria, tanto por los ciudadanos y la sociedad civil como por el resto de partidos y los medios de comunicación.

Esta reputación es el fruto del trabajo diario, de las propuestas, de las posiciones políticas, del diálogo conciliador y también de la firmeza cuando haya correspondido. Podemos decir con orgullo a toda la afiliación de nuestra localidad que nuestro partido ha logrado una buena consideración en la sociedad de la capital de la Región.

Un partido insobornable, eminentemente institucional y preparado para los retos del futuro. El tablero resultante de las próximas elecciones permitirá a UPyD ejercer un papel más influyente e incluso decisivo en la política municipal. Este nuevo horizonte precisa de políticas serias, profundas, sensatas, y alejadas del populismo fácil; honradas e íntegras, y blindadas ante las persuasiones y presiones externas. Somos incómodos por el trabajo realizado y por el que realizaremos en el futuro.

Esta candidatura que presento, y para la que os pido que renovéis vuestra confianza con vuestro voto, es garantía de estos valores y principios que he señalado. Sabéis que hemos cumplido y os hemos representado, y queremos seguir haciéndolo.

A propósito de los imputados

(Artículo publicado en el diario La Verdad el 20 de noviembre de 2014)

Existe una única diferencia entre aquellos que piensan que los imputados por delitos de corrupción deben apartarse de sus cargos públicos, y aquellos que apelan a la presunción de inocencia para mantenerse en ellos: el concepto que se tenga de servicio público.

La política debe entenderse como una actividad, una dedicación, y no como un empleo. Uno de los riesgos de ejercer un cargo público en la Administración es adaptarse a su funcionamiento, a sus características, en un nocivo proceso de ‘funcionarización’. Es decir, cuando el político entiende la función como puesto de trabajo, mimetizándose con el funcionario, asumiendo de manera inconsciente los modos, maneras y pensamiento de éste.

Para evitar esto, los políticos deberíamos repetirnos cada día, frente al espejo, para qué estamos en política y por qué, para tener muy presente que nuestra posición es pasajera, y que depende de la voluntad ciudadana y no de la nuestra.

Está claro que para reforzar la honestidad con la que debe hacerse ese ejercicio es conveniente, aunque no imprescindible, que el político no tenga una dependencia vital y económica con la remuneración obtenida en su cargo, porque de no ser así se agarrará al sillón que ocupa como medio de supervivencia primitivo. E igualmente se debe recelar de aquellos jóvenes que puentean el mercado laboral saltando con pértiga de la Universidad al cargo público, sin experiencia laboral alguna.

En el Antiguo Régimen, allí donde un estamento privilegiado gozaba de ventajas frente a un Tercer Estado de silentes trabajadores y parias, no cabía el pasar de un estamento a otro salvo accidentales ocasiones. El noble no dejaba de serlo, ni el campesino podía, al menos hasta la puesta en práctica de revolucionarias ideas ilustradas, formar parte de las decisiones públicas.

Hoy en día nuestra sociedad permite la participación en política de todos, lo cual es inseparable de que todo aquel que participa en ella también puede volver a la vida civil y “llana”. La negativa de muchos imputados en delitos de corrupción de apartarse temporalmente de sus funciones políticas denota el concepto de “clase” al que creen pertenecer una vez jurado el cargo, y ven indignante que se reclame desde una renovada sala del Juego de Pelota su dimisión.

Hay distintos grados de sospecha sobre un imputado: la investigación, la imputación, la apertura de juicio, la acusación y un largo etcétera. Sin ser jurista, pero sí político, la sospecha sobre un servidor público de haber actuado de forma ilegal, beneficiándose a sí mismo o a terceros, debe llevar aparejada la separación, voluntaria o preceptiva, hasta que sea aclarada la situación.

Sin necesidad de mencionar delitos ominosos contra la infancia, los ancianos, o determinados colectivos, todos entendemos necesario apartar al sospechoso del objeto del delito durante la sospecha. Salvemos las distancias, pero hagamos igual con nuestro dinero, nuestros servicios públicos, y no permitamos que lo maneje quien tenga sobre sí la duda. Presunción de inocencia siempre, pero desde fuera de las instituciones. El daño de mantener a un corrupto, de ser cierto el delito, es mayor que apartar discretamente a un servidor inocente.

Sábado, sabadete, camisa nueva, y Podemos

montaje tvs

Hace poco tiempo, demasiado poco, la programación televisiva del sábado noche se centraba en el entretenimiento más popular y distendido, desde las producciones de José Luis Moreno, con actuaciones en playback y vodeviles de ‘matrimoniadas’, pasando por el cine comercial, el fútbol, y acabando en los clásicos programas ‘rosa’, como lo han sido Salsa Rosa, Dolce Vita, o La Noria. En estos últimos programas la audiencia, la numerosa audiencia, demandaba espectáculo en forma de cuernos, embarazos, y demás tribulaciones de los famosos. Y todo ello visto desde la comodidad del sofá y la luz tenue, con pijama de felpa, y en su caso, con gintonic de Larios en la mano. Las cadenas sabían que cantantes como Bertín Osborne, Lolita, María Dolores Pradera, y otras vanguardistas estrellas, como los humoristas Arévalo o Chiquito de la Calzada, garantizaban el share suficiente como para contentar a los patrocinadores y anunciantes. De la misma forma que en los programas rosas las adicciones de Angel Cristo, las diferencias entre Carmen Thyssen y su nuera, o la separación de Rociíto y Antonio David Flores, mantenían cuotas de pantalla estratosféricas. No sólo ocurría los sábados, sino que todas las mañanas, a la misma hora en la que ahora se emite Al Rojo Vivo, Los Desayunos, las Mañanas de Cuatro, o Espejo Público, se emitían programas del corazón y el entretenimiento presentados por personas como María Teresa Campos, o su hija Terelu.

Hoy en día parece haber cambiado la tendencia, y ese producto espectáculo de chismorreo y banal humor o canción, se ha transformado en programas de debate ‘político’, con representantes institucionales y políticos de primer nivel. Sin embargo, pese a que haya variado el producto y el ‘packaging’, se mantiene la misma receta de siempre, debido a que en el fondo, puede que sí en la forma, no ha cambiado nada en la demanda del espectador.

Jubilados como Ibarra, Cristina Almeida, Julio Anguita, José Bono, Alejo Vidal Quadras, Revilla, y otros han sido habituales invitados a estos programas de televisión, en entrevistas revestidas de actualidad pero con evidente tinte ‘vintage’ o nostálgico. Una especie de ‘Qué tiempo tan feliz’ nocturno. Así mismo, los Marhuenda, Pablo Iglesias, Miralles, o Carmona, sustituyen a los otrora periodistas del corazón y sus bárbaras rey o carmenes rossi. Cualquier incauto o ingenuo observador podría creer que el hábito ha cambiado del interés puramente cotilla y voyeur al interés político y elevado, como si esta sociedad desinteresada y pasiva hubiera despertado y pasara a estar interesada en la realidad política de nuestro país. Nada de eso ocurre, todo sigue igual, seguimos con los sábados sabadetes de género espectáculo, cambiando, en todo caso, de números, en el sentido de actuaciones.

Gran parte de la sociedad española asiste escandalizada a la redifusión constante de casos de corrupción, como lo hacía antes ante la separación de la Jurado y el boxeador. Nadie reconocía ver aquellos programas, pero todo el mundo los veía. Cada vez menos gente reconoce votar a los partidos corruptos, pero los vota.

¿Alguien cree que las cadenas privadas tiene por objetivo puro y generoso el de hacer pedagogía política y ayudar a transformar la realidad mediante información escrupulosamente seleccionada? o ¿por el contrario podemos intuir que se pretende, como se hacía hace poco con los programas rosas, alcanzar la máxima audiencia?. Mucha gente quiere espectáculo, ver al cristiano morir devorado por el león, revisionar a Cospedal explicando al finiquito en diferido, ver al famoso arruinado por culpa de sus miserias contar su tragedia frente al sanedrín pseuoperiodístico. No quiere aprender de adicciones de marismeños para conocer el problema de las drogas, ni valorar los programas electorales para reflexionar su voto. No, mucha gente sólo quiere entretenerse desde el sofá, con el Larios en la mano, viendo a Inda pedir a Iglesias que condene a ETA y a la dictadura venezolana, mientras blasfema por el último caso de corrupción aparecido.

A la historia han pasado aquellas imágenes antes tan difundidas de reporteros tras el famoso del corazón para tomarle declaraciones en torno a su última aventura sentimental. Ahora es el político al que persigue la prensa para que responda sobre sus pecados, sus corruptelas. Alguien debería estudiar si Isabel Pantoja, la ‘reina de corazones’ de la prensa rosa es la pieza clave en este cambio de hábitos, al mezclar en la coctelera corrupción, política, espectáculo, y corazón. Quizá los medios nos sirvieron en copa de cóctel aquella mezcla explosiva, y aún seguimos demandándola. Pero por alguna razón ya no vemos periodistas en la puerta de Jesulín de Ubrique, sino en la de Jordi Pujol.

Y es que, y es así de duro, pese a la indignación colectiva, una semana sin corrupción, sin imágenes de entradas y salidas a la Audiencia Nacional, sin guardias civiles de paisano sacando cajas, sin explicaciones kafkianas de cínicos populares, no es una semana entretenida en el sentido televisivo, y de forma inconsciente, en esta sociedad de masas despreciamos y necesitamos la corrupción a partes iguales. La repudiamos, pero estamos enganchados a ella, indignados, pero encantados.  Y estos programas en ocasiones la exhiben, la retuercen, la explotan, pero no siempre desde un análisis riguroso y constructivo. No es la reflexión, es el show. Es el morbo, el puro morbo.

En todas partes cuecen habas, pero no se cuecen igual

Recientemente el eurodiputado de UPyD, Francisco Sosa Wagner, realizó unas declaraciones en un tono correcto acerca de un manido debate, ya histórico, en relación a UPyD: la posible confluencia electoral y orgánica con el partido catalán Ciudadanos. Junto a esta referencia, Sosa señalaba la existencia de ciertas prácticas autoritarias dentro de la formación, sin especificar alguna. Sumándose a sus reflexiones, han surgido desde respetables y bienintencionados afiliados magentas y cargos públicos (con los que no estoy de acuerdo, pero a los que respeto), o tertulianos y columnistas, hasta frikis varios y buscavidas políticos. Pasando, por supuesto, por pescadores de los de río revuelto, a la búsqueda de carnaza que utilizar para sus libelos. 

Pero dejando a un lado el interesante debate de alianzas electorales del que existen diferentes posiciones, aunque en el reciente II Congreso de UPyD se acordara de forma mayoritaria no realizar coaliciones ni fusiones con otras formaciones, lo que más sorprende de las declaraciones del europarlamentario son las acusaciones y falsedades que ha ido soltando estos días con su aire de excéntrico gentleman, y que vienen a cuestionar su aspecto de inequívoca credibilidad, pues sencillamente no son verdad. Empecemos por el autoritarismo que denuncia, por cierto sin mencionar ejemplo alguno, y que choca de manera directa con el hecho de que él mismo haya “ido por libre” en votaciones clave sin haber sido recriminado, o el hecho de que haya realizado estas declaraciones a través de un medio de comunicación, y no en el órgano interno adecuado, que es el Consejo Político, y del que somos compañeros y en el que nunca le he oído nada en este sentido y ni siquiera mencionar la palabra Ciudadanos. Esto, junto a las acusaciones no demostradas, el frenético despliegue mediático de sus reflexiones (y no de su trabajo parlamentario), y el incondicional apoyo recibido por muchos que lo criticaban hasta ayer, pone de manifiesto la OPA hostil que UPyD está recibiendo estos días, y que alcanza niveles esperpénticos con la incorporación al debate de Alejo Vidal Quadras, que desde el partido VOX estaría dispuesto a sumar “sus 200.000 votos”, como si fueran suyos, en claro desprecio a sus votantes, a su partido, y a la inteligencia de cualquiera. Otra de las falsedades más graves lanzadas por Sosa ha sido afirmar que en la mitad de las Comunidades Autónomas el partido cuenta con gestoras, cuando esto sólo ocurre en una de ellas, Murcia, y por motivos debidamente razonados en poder de todos los afiliados de esta Comunidad Autónoma.

No hay duda de que en muchas ocasiones para insultar no hacen falta palabras malsonantes, sino que en determinados contextos, los silencios, las insinuaciones, o las simples intenciones, constituyen graves ofensas e insultos, pese a que puedan venir disfrazadas de monjita o de Lord inglés.  

En otras formaciones políticas se suele tapar con biombos y el intercambio de cromos este tipo de ‘conflictos’, y el debate acaba con decisiones emanadas de la dirección. En este caso, Rosa Díez, en virtud a la competencia que le confieren los estatutos aprobados por todos, ha convocado una sesión del Consejo Político, que es el órgano adecuado para el intercambio de ideas dentro el partido, aunque algunos prefieran las páginas de El Mundo o las redes sociales para debatir y decidir la cuestión de las posibles alianzas electorales.

El nacimiento de UPyD, como fuerza política revolucionaria e inequívocamente institucional, supuso, y aún supone, un polo de atracción para muchas personas de diferente naturaleza y condición. La novedad de su aparición en un mundo, el político, poco dado al surgimiento de proyectos nacionales de cierta relevancia, supuso el empuje necesario para que mucha gente decidiera su afiliación con objetivos diferentes, desde el ingenuo, pero sano, y utópico deseo de cambiar el mundo, al realista objetivo de condicionar las políticas y mejorar el país o el entorno, hasta razones mezquinas y siniestras, que incluyen desde los intereses puramente personales, las maniobras cercanas al espionaje, o la simple curiosidad. La juventud del partido y su transversalidad, pese a ser dos evidentes virtudes, también permiten que personas de ideas muy distintas, e incluso enfrentadas, convivan en una formación que aún no había definido, hasta la celebración de su I y II Congreso, precisamente esas cuestiones. De ahí que la creación del corpus ideológico haya supuesto un fortalecimiento del partido al tiempo que puede acarrear en ocasiones la pérdida de afiliados que discrepan con cuestiones fundamentales, o por verlo desde un punto de vista más sencillo: algunos no encuentran lo que esperaban y se van, al tiempo que afianza la afiliación de otros muchos, y atrae a nuevos solicitantes. 

Estas cuestiones, lejos de ser inconvenientes para el crecimiento, son importantes filtros naturales que van diseñando y moldeando el partido que se quiere ser, a través de la celebración de congresos, la aprobación de programas electorales, y el trabajo legislativo realizado en las instituciones. Esto, y no otra cosa, es lo que bajo mi punto de vista explica la evolución de afiliados de UPyD, con importante crecimiento en sus primeros años, pasando a un crecimiento mucho más lento y sosegado en sus años posteriores. Por eso, a partir de la madurez alcanzada a través del segundo Congreso de noviembre de 2013 no tienen por qué alarmar las fluctuaciones de afiliación, o incluso su estancamiento, pues responden a otros parámetros diferentes a los votos, o a las ventas de una empresa. Los sarampiones y demás son enfermedades habituales en organismos jóvenes, que lejos de enfermar crónicamente, se ven fortalecidos tras las gripes infantiles. 

La creación del partido y su funcionamiento abierto y participativo ha permitido la entrada de personas, como antes decía, de diferente naturaleza y condición. Morenos y rubios, altos y bajos, carnívoros y vegetarianos, etc., o por entrar en cuestiones más subjetivas, buenos y malos, listos y tontos, o eficientes y haraganes. Negar esto sería tan ingenuo como pensar que en las mejores Universidades del mundo no hay malos estudiantes, o que en los mejores ejércitos no hay soldados cobardes. Por cierto, que esa actitud hipócrita es la que ha llevado a la Iglesia Católica a perder credibilidad, tras negar continuadamente la existencia de casos de pederastia, aunque se haya tratado de enmendar y con acierto posteriormente. Las excepciones no deben, desde luego, manchar a la mayoría de una organización pero en ocasiones es complicado evitar que condicione la imagen proyectada.

En todos los partidos existen potenciales o reales corruptos, y lo que debe juzgarse, más allá de los casos existentes, es la capacidad de las formaciones para evitar la corrupción, y sobre todo, la actitud frente a los casos surgidos. Coincido con Carlos Martínez Gorriarán en que la corrupción política no es únicamente lo susceptible de ser juzgado, sino la mentira para alcanzar objetivos, el incumplimiento de compromisos con la ciudadanía, o la manipulación. Y en eso, nuestra formación, se ha mostrado implacable, y sin titubeos ha habido expulsiones fulminantes, por ejemplo de concejales, cuando éstos han supuesto un fraude a la sociedad.

Esto supone una clara diferencia frente a otros partidos que encubren a sus imputados, e incluso condenados, y tratan de justificar lo injustificable, cuando no premiándolos con puestos de responsabilidad como efectivo método silenciador. De ahí que, pese a que en todos los sitios cuezan habas, como reza este artículo, no en todos se cocinen ni se sirvan de la misma manera.

Al igual que la entrada en instituciones de personas, a priori honorables, puede suponer desagradables sorpresas, también la gestión orgánica puede sufrir estos casos, y en donde en principio puede esperarse un buen trabajo, puede resultar un auténtico desastre. Esto obliga al partido a actuar, como no puede ser de otro modo, en los casos excepcionales correspondientes, del modo escrupuloso que establezcan los estatutos y con el evidente respeto al ordenamiento jurídico, pero con determinación para la resolución de problemas y conflictos, y que excepcionalmente puede tener importantes consecuencias como las sanciones de carácter disciplinario, la disolución de órganos disfuncionales, o la anulación de un proceso electoral interno, como ha ocurrido en Murcia, clara excepción entre los casi 400 procesos de elección interna realizados hasta el momento. Lejos de interpretar estas acciones como reacciones eficaces y honestas, la prensa y los adversarios suelen aderezar estos hechos con tintes apocalípticos que se traduzcan en crisis internas irresolubles, o autoritarismos dictatoriales, cuando en realidad lo importante no está solo en lo que ocurre, sino en qué motivó esas decisiones y cómo se actúa frente a ellas desde la legalidad y la honradez. 

Es humano plantearse la conveniencia política, desde el punto de vista puramente estratégico y electoral, de actuar o no en casos como los citados, en los que las decisiones tienen difíciles consecuencias mediáticas, pero en los que la inacción constituye un auténtico fraude hacia los ciudadanos. De ahí que, volviendo a mi reflexión anterior, no actuar constituiría, esto sí, un claro ejemplo de cobardía, pero sobre todo, de corrupción política.

Por tanto, renunciar a la puesta en marcha de mecanismos internos que corrijan y arreglen la situación, mirando para otro lado, sería un ejercicio de hipocresía y de cinismo al que no estamos dispuestos a llegar ni yo ni la mayoría de afiliados y simpatizantes, cargos públicos y orgánicos, y por tanto, lejos de callar o esconder bajo la alfombra magenta la mierda, y continuar como si no pasara nada, es necesario en ocasiones sacar el carrito de limpieza o la caja de herramientas, y tratar de corregir, en el menor tiempo posible, la incidencia existente, con el objetivo de que continuemos siendo un medio eficaz, y no un fin, para el bienestar y el progreso de la sociedad, pese a que eso suponga la inevitable aparición de titulares periodísticos dañinos. 

Al hilo de esto, acerca de ser un medio, y no un fin, se entiende perfectamente la decisión de UPyD de no concurrir a las elecciones municipales en el mayor número de municipios posibles, sino en aquellos sitios en los que el trabajo realizado atesora una solvencia política beneficiosa para la sociedad. Está claro que el resultado obtenido en las elecciones europeas y los sondeos existentes, apuntan a que de presentar UPyD candidaturas de forma indiscriminada obtendría, posiblemente, miles de concejales en toda España. Pero esto sería una forma de entender los votos y el partido como un fin, y no como un medio, tal y como otras formaciones, a las que se nos quieren emparentar sin pedirnos permiso, hacen sin reparos a lo largo de todo el país.

Si el partido decidiera callar ante un mal funcionamiento en órganos territoriales, presentar listas con objeto de sumar subvenciones, pactar con formaciones de distinto proyecto político, o permitir difamaciones entre compañeros, no solamente se incurriría en graves irresponsabilidades, sino que este partido, sencillamente, dejaría de ser UPyD. Y esto, continuar siendo la herramienta para lo que nació este partido, o dejar de serlo, es lo que está en juego en estos convulsos días. 

La gobernabilidad sobre la voluntad ciudadana

Los resultados de las elecciones europeas han dispuesto un escenario en el horizonte del 2015 bastante diferente al actual. En la ciudad de Murcia la pérdida de votos ‘populares’ y el crecimiento de otras formaciones puede generar una corporación municipal muy distinta. En los últimos 20 años el Partido Popular ha ganado con mayoría absoluta cada una de las citas electorales, y el Partido Socialista ha ido menguando sus resultados hasta cotas mínimas. Hace tan sólo 7 años, la Corporación capitalina contaba únicamente con ediles socialistas y populares, mientras que ahora, ya con la presencia de UPyD e IU, sumado a la posible entrada de otras fuerzas, ‘atomizaría’ el Salón de Plenos a partir de 2015.

Con respecto a estos escenarios de múltiples colores políticos en instituciones, hay quien da la voz de alarma y siempre saca el famoso dóberman de la ‘ingobernabilidad’, apelando a las supuestas dificultades para gestionar la vida política con la existencia de distintas voces, aparcando y dejando en un segundo plano la proporcionalidad y el principio de que el voto debe reflejar la voluntad de los ciudadanos. La experiencia como concejal en el Ayuntamiento murciano me empuja a pensar que no sólo no es complicado alcanzar posiciones de consenso y de mínimos, sino que además es lo aconsejable, llegando a acuerdos desde sosegados debates con trabajo de fondo, a través de la discusión y el intercambio de opiniones. No han sido pocas las veces que ediles de las cuatro formaciones que actualmente cuentan con presencia en La Glorieta hemos llegado a acuerdos importantes juntos a pesar de las diferencias de carácter ideológico existentes que, por otro lado, poco tienen que ver con la gestión municipal.

Por tanto, poco temor hay que tenerle a que tengan que ser varios los que decidan, en lugar de uno solo. De hecho, la experiencia de estos 19 años de mayoría absoluta nos deja ejemplos de descoordinación y de problemas internos en el equipo de Gobierno que demuestran que un único color en el Gobierno no tiene que ser sinónimo de eficacia. Es un hecho que hay un alejamiento creciente entre partidos políticos e instituciones por un lado y los ciudadanos por otro, y el objetivo debería ser fortalecer la democracia y hacerla mucho más viva, incentivando la participación con verdaderas medidas de regeneración democrática.

La reforma de elección directa de alcaldes propuesta por el Partido Popular pretende, no solamente apuntalar la hegemonía municipal del PP, sino acabar con la sana posibilidad de acuerdos a varias bandas que redundan en el beneficio de la ciudadanía. Se pretende criminalizar a las coaliciones y acuerdos como si fueran caldo de cultivo para la corrupción, cuando lo cierto es que, al igual que en la mancomunación de firmas, la necesidad de que haya varias partes para tomar decisiones puede ser una garantía de legalidad.

Por tanto, es preciso hacer buena pedagogía sobre este asunto y desmontar las falacias que dirigentes populares vierten sobre esta cuestión, llenándoseles la boca de regeneración democrática, al tiempo que encubren a sus corruptos, justifican sus tropelías, se perpetúan en los cargos, y desprecian propuestas electorales conducentes a esa mayor proporcionalidad, sustituyendo éstas por otras más cercanas a actitudes caciquiles que a una auténtica regeneración democrática.

Sobre Sosa Wagner y Ciudadanos

Esto respondía Francisco Sosa Wagner el 23 de mayo de 2014 a la pregunta del periodista de Onda Regional de Murcia, Luis Alcázar, acerca de por qué UPyD no acudía junto a Ciudadanos en las elecciones europeas que se celebrarían dos días después. La respuesta no deja lugar a dudas, juzguen ustedes. (Aquí el audio), y aquí el vídeo (aunque sólo un fragmento, el audio anterior sí es completo), a partir del minuto 3:44.

 

Si usted lee los programas de los partidos políticos coincidencias con otros partidos hay con todos, ¿no?, pero esto es como si me dice que por esa razón las emisoras de radio que tengan coincidencias entre ellas tienen que cerrar. Pues no… Pero si le digo una cosa, esas coincidencias son más aparentes que reales, mire, nosotros por ejemplo estamos defendiendo que la Educación y la Sanidad pasen a ser competencia del Estado. Segunda cosa, UPyD es un partido que nace efectivamente hace poco tiempo, es un partido joven, con la bandera de luchar contra los excesos de los nacionalismos, contra los excesos de las CCAA, esa es la razón, digamos. Pero en estos años UPyD ha elaborado un cuerpo político doctrinal de respuesta a todos los problemas políticos, porque una formación no puede quedarse en responder a uno solo de los problemas. Hay que responder a los problemas de la fractura de las rocas, de Sanidad, medioambientales, educativos, etc. Hoy UPyD tiene un cuerpo de contestación a todo eso que es el fruto de dos Congresos, yo presidí el último de noviembre, y hacer congresos en los partidos no es una tontería, hay que definir posturas, y esa definición de posturas trae consigo desgarros y problemas internos muy serios, pero tiene la ventaja de la cualificación, al final se ofrece a la ciudadanía un cuerpo doctrinal y político cerrado, que unos comparten y otros no, por tanto esas diferencias hay que recalcarlas con respecto a otras formaciones políticas. Por lo demás la experiencia en España de una relación estable, matrimonial, entre un partido nacional y otro de ámbito regional, no es buena. Ahí tenemos al PSOE y al PSC, que es un testimonio claro de lo que estoy diciendo.

 

Es verdad, dice usted, que se pueden conseguir más votos o tal, pero eso es a cambio de confundir el mensaje, y yo creo que lo último que se debe hacer en un proceso electoral es confundir el mensaje. Nosotros nos parecemos, con nuestro mensaje, y quien nos vota bien, y quien no nos vota tan amigos

 

UPyD, el corredor de fondo

El atleta de fondo, sea cual sea la especialidad a la que dedique sus esfuerzos, tiene como base de su éxito el entrenamiento, basado éste en la constancia, y deja poco espacio a la improvisación y la creatividad ante el público el día de la prueba.

Parte de la rutina del entrenamiento es la ‘simulación’ de carrera, el ‘límite’ a partir del cual se fracasa, pero desde el que se triunfa si se respetan las líneas que no se deben sobrepasar. Si el atleta de fondo tiene su límite y objetivo en recorrer una determinada distancia en un determinado tiempo no podrá, el día de la carrera, dejarse llevar por otras motivaciones diferentes a la repetición de sus ritmos y tiempos de paso estudiados, consciente de que apretar en algún kilómetro por encima de lo previsto supondría, irremisiblemente, el fracaso.

Es obvio que factores psicológicos, ambientales, o puramente circunstanciales marcarán el resultado de la prueba, pero con cierta seguridad el atleta puede prever, antes de salir, el resultado final.

Es por todo esto que el atleta, mientras desarrolla la prueba, sigue una frecuencia cardíaca determinada y que si se cambia, también implicaría una variación de resultado, por lo que el atleta debe centrarse en sus sensaciones, sus objetivos y sus herramientas, dejando de lado la forma de actuar del rival que participa a su lado en la misma carrera.

Por hacerlo gráfico, si el atleta de maratón mantiene su ritmo adecuado debe obviar que otros adversarios le adelanten, o pierdan su estela, pues el resultado dependerá exclusivamente de él, y tratar de perseguir al que le adelanta podría, sencillamente, ser motivo de que abandonara la carrera antes de la meta. Y todo ello por un ácido láctico que el cuerpo es incapaz de soportar, y provoca la fatiga.

Unión Progreso y Democracia es un partido que, como el corredor de fondo, marca su propio ritmo y su propia cadencia, fruto de sus capacidades, no de manera arbitraria, mirando un objetivo al final del camino, y sin permitir que condiciones exteriores determinen su cadencia, aunque éstas puedan influir, evidentemente. Factores externos como el auge de nuevos partidos, con propuestas de imposible realización, o en el peor de los casos con funestas consecuencias, encuestas cocinadas con evidentes intenciones que otorgan excelentes o pésimos resultados a UPyD, o que tal o cuál partido presente, o no presente, candidaturas en no sé qué sitios, no deben hacer que UPyD ‘acelere el paso’, ni que propicie artificiales, e incluso antinaturales, coaliciones.

La forma de crecer, y el ritmo, determinarán el resultado final, y en UPyD siempre hemos tenido claro que no debíamos crecer a costa de cualquier cosa. Presentar candidaturas en lugares en los que no haya un grupo de militantes que atesoren trayectoria y solvencia política sería el paradójico fin de nuestra formación. Es por ello que el partido ya ha anunciado que presentará candidaturas en las municipales de 2015 no en todos los municipios, sino en aquellos en los que se ha realizado un buen trabajo previo, y además se garantice que podemos desarrollar ese buen trabajo en el futuro hacia la ciudadanía, que es para lo que se creó este partido.

Por ello, frente a los que nos exigen que cambiemos hasta nuestra zancada por agentes externos y eventuales, el paso de UPyD debe ser firme y calculado, como sabemos, como debemos, marcando ese preciso ritmo que nos permite avanzar de forma constante, creciendo, expandiéndose, pero sin ‘emocionarse’, no sea que el ácido láctico acabe, por querer ganar un metro más rápido de lo debido, o unos pocos votos más, con el proyecto de fondo que precisa España.